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¿Ignorarlos? ¿Aceptarlos? ¿Combatirlos?

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¿Ignorarlos? ¿Aceptarlos? ¿Combatirlos?
=== He ahí la cuestión ===

Por: Luis Geller
(07/2011)
El judaísmo mesiánico —dice la enciclopedia— tiene sus raíces en el judaísmo del Siglo I de nuestra Era Común.  Sus practicantes se consideran judíos y auténticos observantes de la Torá, guardan las festividades judías —en especial el shabát y las leyes de kashrút— pero se centran en Jesús, a quien reconocen como Mesías. Sin embargo, por eso, y porque aceptan el Nuevo Testamento, son rechazados por todas las corrientes judías, desde los ultra ortodoxos hasta los reformistas, quienes los ven más como cristianos que como judíos. Por su parte, los católicos afirman que no son cristianos sino una melange sin mucho sentido, al igual que las Leyes del Estado de Israel que no los consideran judíos en absoluto y piensan que cruzaron la línea de manera irresponsable.

Los orígenes de este movimiento —inicialmente hebreo-cristiano— se encuentran en la Inglaterra del Siglo XIX y en Hungría, con un rabino converso, bautizado e “iluminado” llamado Ignatz Lichtenstein quien, en 1890, estableció la denominada Literatura Mesiánica Clásica en idioma alemán. El judaísmo mesiánico moderno renació con fuerza en la década de los años ‘60  y a decir de sus líderes, “representó una evolución en los procesos de pensamiento, de la perspectiva religiosa y filosófica hacia una expresión más ferviente de la identidad judía."

En la actualidad, existen grandes organizaciones judeo-mesiánicas practicantes que representan a la mayoría de las sinagogas y congregaciones mesiánicas a nivel mundial, como la Unión de Congregaciones Judías Mesiánicas, la Alianza Internacional de Judíos Mesiánicos y la Federación Internacional de Judíos Mesiánicos.

Como buenos judíos (que dicen que son), entre ellas existen diferentes ramas, creencias y sectas, como los Ebionitas  —que no reconocen la validez divina del Nuevo Testamento— y los Notzrim, firmemente plantados en contra de la doctrina cristiana de la Trinidad a la que consideran idolatría. En los Estados Unidos abundan los Jews for Jesus, organización fundada por Moishe Rosen en 1973 y otras organizaciones que giran alrededor de la unión del judaísmo y el cristianismo —o Jesusismo— del Siglo I.

El número de judíos-mesiánicos en el mundo crece constantemente. Las últimas cifras hablan de más de 15 mil en Israel, 160 mil en Norteamérica y más de 350 mil en todo el mundo, concentrados en unas 400 agrupaciones o Kehilás —como ellos las llaman— con asociaciones y federaciones como la Federación Internacional de Judíos Mesiánicos, la  Alianza de Judíos Mesiánicos de Israel, las Congregaciones Judías Mesiánicas de las Américas, la Alianza de Judíos Mesiánicos de América,la Unión de Congregaciones Judíos Mesiánicos y en México, la Alianza de Judíos Mesiánicos de México.

En nuestro país, a la fecha, existen diferentes Kehilás o Sinagogas repartidas en todo el territorio nacional. Las podemos encontrar en la Ciudad de México, Puebla, Toluca, Monterrey, Ciudad Juárez, Chimalhuacán, Tlaxcala, Cuernavaca, Tlalquitenango y Tlatenchi, entre otras. Si no fuera porque están tan alejadas de nuestro entorno podríamos optar por ignorarlas y que cada quién haga su vida como mejor le parezca.

Pero la influencia de los judeo-mesiánicos en nuestras comunidades ha estado haciéndose cada vez más evidente, con intención de “jalarnos” hacia sus creencias. Algunos han logrado “convertirse” formalmente al judaísmo deslumbrando a nuestros líderes comunitarios y religiosos.  Se han filtrado con sus grandes conocimientos del judaísmo, aunque omitiendo y escondiendo su fervor cristiano con el que han circuncidado su corazón en un pacto para siempre.


Estas son algunas de sus creencias, publicadas en Internet y al alcance de todos:
Afirman que…
“muchos grupos judíos usan las conversiones a semejanza de indulgencias católicas, creyendo que ilusamente sólo a ellos el Eterno les escucha”
Creen en…
“Jesús y en el poder del Eterno acompañándolo, en su muerte redentora y representativa a través de su sangre derramada, en su resurrección corporal, en su ascensión y en su pronto regreso en poder y gloria.”
Están convencidos que…
“el judaísmo tradicional, al creerse la única entrada al Padre, y por haber cerrado la puerta a las naciones, comete un grave error que contradice al Tanaj.”

Basta con  acercarse a alguna de estas páginas web:
http://www.ajmm.org.mx/9.asp o http://www.bethaderej.com/ para enterarse de lo que ellos consideran como injusticias:
“Medite en lo siguiente,” —dicen—.  “¿El Eterno será tan injusto como para no ver la justicia de judíos que no estuvieron adscritos al sistema tradicional “ortodoxo” como los reformistas, conservadores, caraítas y demás? ¿Sólo los ortodoxos están libres de supuestas maldiciones y tienen derecho al ‘olam habá?”

Si por alguna circunstancia Usted se topa con ellos, por favor no se deje llevar por sus palabras dulces y rostros de apariencia inocente. Recuerde que su misión —su tikún— es seducir al mayor número de judíos para llevarlos a la verdadera fe que por supuesto “es la de ellos”. Mire con cuidado quién se sienta en las últimas filas de su Sinagoga y sigue el rezo de manera admirable y sin tacha. Y lo más importante, por favor no se deje llevar por el “a mí no me hacen nada…” …porque sus hijos y muchas personas no tienen tanta entereza ni tienen su judaísmo tan arraigado y firme como Usted.

Mientras los judíos-mesiánicos no cambien su forma de ser y de pensar respecto al judaísmo ortodoxo, mientras no acepten honesta y formalmente que son cristianos y no judíos, estaremos expuestos a su influencia y créame, ¡es bastante poderosa y en muchos casos, efectiva y muy dañina!

Habrá quien me tache de paranoico, pero prefiero que todos nos sintamos y estemos seguros que por las puertas de nuestras Sinagogas 100% judías sólo transitan judíos “100% judíos” de todas las denominaciones, incluyendo candidatos reconocidos para conversión.


Mientras tanto, ¿qué piensa Usted que debamos hacer? ¿Ignorarlos y tapar el sol con un dedo? ¿Aceptarlos y compartir con ellos nuestro judaísmo tradicional? ¿Combatirlos férrea y abiertamente como lo hacen los Haredim en Israel? Ahí está la cuestión.

Seguramente nuestras autoridades comunitarias y religiosas, con la ayuda de H’, harán lo adecuado y también nos dirán qué hacer. Mientras tanto, aunque Usted sea igual de curioso que yo, no trate de visitar sus sinagogas sin autorización. Se encontrará con una feroz vigilancia y un letrero sin mucha sintaxis ni ortografía, que dice textualmente:

                                                         





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