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Artista Israelí

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Ben Avraham Nahmani: Artista Israelí

   Por: Becky Rubinstein F.

 12/2011
Ben Abraham  Nahmani –mejor conocido como el  Chagall  israelí, nace en Marruecos donde, a la temprana edad de siete años  inicia su carrera pictórica. De Marruecos  migra a Israel donde se establece en Safed, centro de artistas plásticos donde , en múltiples museos, se encuentra su obra. Y más allá de Safed,  sus lienzos  pueden encontrarse en colecciones  del mundo entero incluyendo al Vaticano.
El artista judeo-marroquí es conocido por su pintura brillante y evocativa, extraída de las  inagotables  fuentes: la vida judía, la Cábala, tradición y fe.
De acuerdo a la crítica,  Nahmani intenta -y logra- sintetizar las diferentes artes  propias del hombre: la música, la literatura y el arte en todas sus manifestaciones. "A cada cosa corresponde un símbolo, y  todo en el universo es digno de representarse. Mi pensamiento se ve influido  por  la pintura, por las historias. Aprendí de la naturaleza; creo que un  artista nace artista. Los artistas, los pintores, no pueden  improvisarse, tan  sólo nacen. Estoy cierto que  arribará la paz al mundo; mi fe en  la  concordia y la paz  son plasmados en mi pintura. Ojalá  mis mensajes de armonía universal penetren en el corazón de quienes observen y valoren mi pintura.


Su obra, en realidad  fantástica y colorida, muestra palmo a palmo las ciudades de Israel, sus casas, sus habitantes. Los títulos de su obra  son más que acertados: "La alegría en Jerusalem"  recupera la Simjá o alegría de Simjat Torá cuando los judíos danzan con la Torá a la que veneran en Tierra Santa. Dos palomos en el cielo, símbolo de la paz, son coronados por una Torá celestial.
" Rezo por la paz de Jerusalem" es el título de una segunda obra  donde la ciudad santa  espera a  los fieles envueltos en su talit, en su manto ritual. Pronto se iniciaran los rezos: el cielo se pinta de rosado. Pronto arribarán los judíos de todos los confines del mundo.
"Vida en  Jerusalem" destaca por su misticismo un tanto naive. Granadas  y florescencias enmarcan una encarnada granada donde se aloja la Tierra Santa, centro del universo. Obra puntillista nos envuelve en su rojo, en su turquesa. En su  alegría de ser judío y pertenecer a un pueblo ancestral.
En "Jerusalem espera la paz" dos palomos gigantes vuelan sobre los caseríos de Jerusalem, la ciudad de David, la ciudad de la paz. Su colorido nos atrapa y nos hace soñar con tiempos mesiánicos que habrán  pronto de venir.
"Jerusalem en  la paz" es rica en colorido, no menos que las pinturas anteriores. Mas difiere de las anteriores. Cual figuras de Chagall vuelan ,y sin alas, en el firmamento  hombres inspirados. A su lado la paloma de la paz- En su pico el olivo, símbolo de la paz desde tiempos del diluvio.
"La eterna Jerusalem" incluye símbolos y coloridos ya retratados que, sin embargo, nos atraen como espectadores. Una enorme y vistosa granada  encapsula la Ciudad Santa: Caseríos van, caseríos vienen: los fieles entran por  la puerta. Minaretes, iglesias y una menorá, un candelabro ritual, invitan a regocijarse en Jerusalem, la tan ansiada por  los nidjei Israel, por  los dispersos en la diáspora.
"La ciudad de David" retrata  al Rey David, lira en mano. En el cielo turquesa, ondea un talit. La ciudad se acicala: el dorado realza el dorado de las casas; el rojo, el naranja vivifican el escenario. En el cielo un shofar, un cuerno  cuyo sonido abrirá las puertas a la vida. Las letras jet y yod, que constituyen la palabra  jai, vida, se inserta en el panorama festivo, shalem, cabal.
Las demás obras son variaciones  de maravilla: en una  "Paz en las murallas de Jerusalem" pinta en todo su bravura a un sol, bola de fuego, que colorea de dorado las murallas de Jerusalem. Un cuadro idílico nos atrapa para siempre.
"Ciudad entre las naciones" evoca a la Sulamita, que rescata , por merito propio, entre las naciones. Puertas y más puertas esperan  al  caminante. Y en el cielo magníficas granadas: la del centro Jerusalem. Y a los lados, otras naciones, no menos hermosas.
"La paz sobre Jerusalem" incluye elementos conocidos: la paloma, las casas abigarradas de casas y  los fieles  que dirigen sus pasos a  Tierra Santa. Ahora el azul, en todos sus matices habidos y por haber, envuelve y encuadra el panorama donde vuela una paloma. La tan  esperada paloma de la paz.
"El gozo en Jerusalem" nos cautiva son su colorido de arcoíris.  Los fieles cuales palomas se elevan; la Torá los eleva, su espíritu los eleva. Nada falta y nada sobra en la  fiesta de la Torá: La danza, el vuelo, los tórtolos frente a frente  se juran amor eterno. Todo florece.
En "Paz por la Jerusalem Eterna" rescata varios palomos al vuelo. El cielo  azul cobalto  y el amarillo oro de las  murallas se contrastan. Pronto arribará la noche en la  Eterna ciudad de Jerusalem.
No menos bello y atractivo es "Paz sobre Jerusalem", una variante feliz de las pinturas anteriores. Rojos, azules, dorados alegran  pupilas, invitan al convite celestial. Una  paloma extiende a los largos sus alas, símbolo de complitud. Nada ni nadie ofuscan la paz en Ciudad Santa.
Una paleta y un pincel , los del artista judeo-marroquí, logran el milagro.
Nuestras pupilas se regodean con el colorido de sus lienzos. Hoy y siempre se suceden milagros. A ellos hay que atenernos.





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