Baruj Benacerraf - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Baruj Benacerraf

1er Lustro Rev. Foro

Nobel Venezolano Sefaradí

Por: Dr. Zvi Avigdor (Nueva York)

(09/2011)

    Hace unas semanas murió un médico galardonado con el Premio Nobel. Sus investigaciones fueron importantes en lo que respecta a enfermedades inmunológicas. Explicaremos en qué forma sus teorías revolucionaron el entendimiento de condiciones tales como el lupus, la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide y otras.  

    Baruj Benacerraf (1920-2011) nació en Caracas, Venezuela, en el seno de una familia sefaradita. Su padre era de origen marroquí y su madre de Argelia. El padre se dedicaba a la importación de textiles y decide mudarse con la familia a Francia para facilitar tal empresa. Así, Baruj llega a París a la edad de 5 años. En su niñez, sufrió mucho de asma y luego indicó que fue ese el motivo por el que se interesó en la medicina y en particular en la inmunología.

    Al comenzar la Segunda Guerra Mundial la familia se ve obligada a huir debido a su religión, retornando a Caracas. Pero pronto emigran a la ciudad de Nueva York (NY), el centro comercial textil en la Unión Americana. Baruj hace su College en Columbia University donde recibe la Licenciatura en Ciencias (Bachelor in Science) en el año de 1942.

    Sus padres le insistían que se incorporara al negocio de la familia, sin embargo, Barúj optó por la Medicina. Mandó su solicitud a varias Escuelas de Medicina y todas lo rechazaron sin darle siquiera oportunidad de una entrevista. Él lo atribuyó a una doble razón (recordemos la época): el ser judío y el haber nacido en el extranjero; así lo escribió en su autobiografía: From Caracas to Stockholm: A Life in Medical Science
(De Caracas A Estocolmo: Una Vida en la Ciencia Médica) publicada en 1998.  Finalmente, gracias a una “palanca”, el Colegio de Medicina de Virginia le otorgó una entrevista (el padre de uno de sus amigos trabajaba en la administración de esa universidad e imploró se le diera una entrevista). Benacerraf impresionó de inmediato y se le aceptó junto con otros dos judíos y dos hispanos en el grupo de 80 estudiantes del primer año de la carrera (1942).

En 1943 obtuvo su ciudadanía y durante sus estudios de Medicina, se le reclutó al ejército norteamericano quien le impartía, en sus tiempos libres, entrenamientos médicos especiales enfocados a la entonces II Guerra Mundial. Se recibió en 1945 y regresó a NY, donde hizo su Internado en el Hospital General de Queens. Para cumplir con su servicio militar, se le ordenó, junto con otros médicos recién graduados, viajar a la Alemania de posguerra, donde llegó con el grado de teniente. De allí fue trasladado a Francia donde sirvió en Paris y Nancy.

    Al terminar sus obligaciones militares regresa a los EU y decide dedicarse a la investigación. En 1948 es aceptado como “Fellow” en Inmunología en el New York University (NYU). “Al comienzo de mi carrera la inmunología era un campo desconocido y por eso se me hacía irresistible… y ya luego quedé  adicto a ella” dijo años después. “Se sabía que existían los anticuerpos pero se desconocía su estructura, se desconocían las bases inmunológicas de las reacciones alérgicas…todo era territorio abierto para quien decidiera penetrar en él y para mi era lo que yo debía hacer” dijo en otra ocasión.

    Pero el Dr. Benacerraf tuvo que lidiar con dificultades. Después de la guerra, su padre había regresado a vivir a París y pronto quedó allí discapacitado, debido a un accidente vascular cerebral. Baruj era el primogénito y el mejor dotado para ayudarlo en sus asuntos personales y su negocio. La familia de su esposa también vivía en París por lo que decide abandonar NY, aceptando en 1949 un puesto de investigación en el Hospital Broussais; ese trabajo le permitía viajar frecuentemente a Venezuela donde el negocio de su padre requería de su presencia física.

     A pesar de que Baruj conocía el idioma y se sentía familiarizado y cómodo en Francia, se le informó que por no ser ciudadano, no tendría oportunidad de avanzar académicamente en ese país por medio del establecimiento de un laboratorio independiente, un sueño que siempre tuvo. Es por eso, que al morir su padre en 1953, hace planes para regresar a EU y lo hace tres años después, aceptando un puesto como maestro de Patología en  NYU. Esa fue, según dijo después,  la “decisión más crucial de mi vida” pues fue a partir de su regreso a los EU que comenzó a hacer las investigaciones que resultaron en sus descubrimientos merecedores del Premio Nobel.  

   Al mismo tiempo que hacía sus investigaciones, durante los últimos años de la década de 1950  Benacerraf administró un banco en NY que había sido comprado por su familia en Venezuela, el Colonial Trust Company. Mostró habilidades innatas en el área de finanzas pero le quitaba precioso tiempo de sus actividades de investigación y decide dedicarse tiempo completo a sus actividades médicas.

    Doce años después de haber llegado a NYU, en 1968, fue nombrado Jefe del Laboratorio de Inmunología en el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas en Bethesda, Maryland y en 1970, Jefe del Departamento de Patología Comparada en la Escuela de Medicina de Harvard (hasta 1991).

    Sus dones en la organización de finanzas surgieron nuevamente a relucir, cuando se le escogió para Presidente del Instituto de Cancer “Dana Farber” en Harvard.  Fungió como tal de 1980 a 1992. Al llegar el Instituto éste estaba en déficit y en solo dos años sus cofres tenían ganancia.

    En 1980 recibió el Premio Nobel en Fisiología - Medicina junto con Jean Dausset y George D. Snell. Lo ganó por sus investigaciones en los años de la década de 1960, cuando explicó por qué ciertas personas se defienden contra algunas infecciones y otras no pueden hacerlo. Demostró que la fuerza de respuesta inmunológica individual está controlada por un grupo de genes a los que él llamó "genes de respuesta inmune". Hoy se sabe que los genes están involucrados en todos los procesos biológicos, pero hace 50 años cuando Benacerraf los relacionó a la inmunología, era un concepto revolucionario. Así, se pudo entender por ejemplo, no sólo el por qué ciertos individuos pueden defenderse mejor que otros contra infecciones, sino por qué algunos son más propensos en desarrollar esclerosis múltiple, lupus u otras enfermedades auto inmunes, en las cuales el sistema inmune no reconoce a los tejidos de uno mismo como propios y los comienza a atacar.














 Tales estudios se extendieron al entendimiento de las reacciones inmunológicas durante los transplantes de órganos, explicando por qué y cómo, el cuerpo rechaza los órganos extraños implantados en él y se pudo entender mejor las posibilidades de éxito de diferentes transplantes.

    Todo comenzó cuando nuestro personaje, siendo Profesor de Patología en NYU inyectó en su laboratorio a unos conejillos con una sustancia extraña, esperando que se produjera una reacción de ataque de glóbulos blancos contra ella, tal como sucede cuando entra algún virus o bacteria al organismo. Pero se sorprendió al darse cuenta que sólo el 60% de los conejillos desarrollaban una respuesta inmunológica contra la sustancia extraña. Fue allí cuando expuso su hipótesis, de que debía haber una causa genética que protegía al otro 40% de los conejillos. Así, comenzó a experimentar cruzándolos, hasta llegar a la conclusión que, en efecto, había un factor hereditario de protección inmunológica. Esto fue luego también comprobado en otros vertebrados y finalmente en humanos. Por primera vez había prueba de que existe adaptación evolutiva por medio de la cual, ciertas especies tienen más protección a agentes externos que otros. La variación genética también significaba que ciertas personas son más vulnerables a enfermedades auto inmunes. Claro que todo esto se sospechaba clínicamente durante miles de años, pero fue Benacerraf el primero en demostrarlo en el laboratorio y además observar y describir los cambios patológicos que ocurren en la sangre.

    También hizo descubrimientos importantes en las áreas de hipersensibilidad alérgica e inmunidad oncológica. En 1985 fue elegido Miembro del Instituto de Medicina de los EU.

    Su esposa (casados en 1943), murió sólo 2 meses antes que él y la mencionamos porque curiosamente un tío de ella, Jacques Monod, recibió también un Nobel de Medicina (1965) por su investigación de enzimas bacterianas.

    Durante su vida profesional recibió títulos honorarios de 11 universidades (Ginebra, Virginia Commonwealth University, NYU ,Yeshiva University, Columbia University, Adelphi University, Weizmann Institute of Sciences, Gustav Adolphus, Harvard, Burdeos y Viena. Asimismo fue recipiente de múltiples premios y distinciones, entre ellos: el Premio en Inmunología e Investigación de Cancer, Universidad Hebrea de Jerusalén, la Medalla Nacional de Ciencias, el Premio T. Ducket Jones de la Helen Hay Foundation, el Premio Waterford Biomedical Science, el Premio Rous-Whipple de Patología, el Premio Gold Cane y el Premio Charles A. Dana.

    Fue Presidente de la American Association of Immunologists,  Presidente de la Society for Experimental Biology and Medicine y Presidente del International Union of Immunological Societies.

   Además de la mencionada autobiografía, escribió tres libros: Immunological Tolerance: Mechanisms and Potential Therapeutic Applications
, Immunogenetics and immunodeficiency, Textbook of Immunology y docenas de artículos científicos de revista.

   Baruj Benacerraf murió a los 90 años de edad. Una vida científica impresionante con aportaciones importantes a la humanidad. Un venezolano que tuvo la suerte de poder desarrollar su potencial intelectual y realizar sus anhelos y aspiraciones.


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