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Culpa Eterna

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"Culpa Eterna"
o La Culpa de Wolffsohn


Por: Bill Landau
12/2011
Recientemente apareció la versión inglesa (Columbia University Press 1993) del libro de Michael Wolffsohn:  "¿Culpa eterna? - Cuarenta años de relaciones judeo-alemanas-israelís".

Cuando Wolffsohn visitó México el año pasado fue severamente criticado, entre otros epítetos se le llamó "judío con auto-odio", "revisionista del Holocausto", etc. La resistencia a escuchar sus palabras fue tal que valdría la pena  el análisis de ésta si solamente fuera por la intensidad expuesta.

Wolffsohn aclaró que su posición no es de perdonar u olvidar lo que los nazis cometieron, sino más bien que era tiempo de dar un paso adelante del comportamiento ritualista que ha caracterizado a los contactos oficiales entre alemanes y judíos,  por un lado la conducta de "mea-culpa" alemana y por el otro el eterno dedo acusador judío. Wolffsohn habla de una "fijación en el Holocausto" en donde los judíos han transformado este horrible episodio histórico en una religión secular  haciéndola uno de los ejes de la identidad judía, en otras palabras, según Wolffsohn, existe una necesidad psicológica entre judíos seculares de estigmatizar a Alemania y a sus ciudadanos nacidos a partir de 1945.

Judíos y alemanes se encuentran en una desincronización histórica al dialogar, el judío ve siempre al pasado mientras el alemán se observa en el presente o en el futuro. Al parecer la historia reivindica a Wolffsohn a través del nuevo  discurso y la narrativa que llega del Estado de Israel.

El proceso de paz con el mundo árabe y en especial con los palestinos está creando la necesidad de cambiar enunciados como "nunca jamás" u "otra Metzada no caerá", frases que conllevan un estado mental de "el mundo está contra nosotros",  así como conductas consecuentes a esta lógica.

Los líderes israelíes están forzando al "Establishment judío" a renunciar a la vieja fraseología y consecuentemente a un reconocimiento de la existencia del Otro, del ajeno. A renunciar tal vez, a núcleos xenófobos que aunque históricamente  justificables, no cumplen su cometido e inclusive estorban en el reconocimiento mutuo entre el pueblo judío y los demás. Son defensas que ya no cumplen hoy en día su función protectora al tiempo que se reconocen mutuamente el árabe y el  judío o el cristiano y el judío.

Está en juego el cambio de lo que en psicología se denomina "pensamiento cognoscitivo prematuro", o sea, ver y experimentar la realidad según viejos patrones sociales de pensamiento. Desde el punto de vista pedagógico la consecuencia se deberá  ver en nuestras instituciones educativas, que han invertido grandes esfuerzos en perpetuar esta lógica en detrimento de la capacidad de empatía de los alumnos.

Vale la pena preguntarnos: ¿Cuántos alumnos en las escuelas empatizan con lo que sucede en Bosnia, más cerca aún en Chiapas?"!!!
Lo anterior tiene que llevar a un cambio "nada cómodo" del discurso de los líderes comunitarios y educativos, así como de un replanteamiento pedagógico.
Ben Gurión como Primer Ministro de Israel se dio cuenta de este fenómeno ya en los años cincuentas, diez años después del Holocausto reconoció a la República Federal de Alemania como la Nueva Alemania. La aceptación de restituciones  por parte de Alemania al Estado judío creó una ola de críticas que no han sido abandonadas hasta la fecha.

Ben Gurión manifestó entonces que el Holocausto no puede ser convertido en artículo de propaganda por parte de ningún partido político, sin embargo la Derecha israelí desde Beguin hasta los actuales partidos de Derecha han usado y abusado  del Holocausto para fines políticos. En la Diáspora los enunciados sobre el Holocausto se han usado para fines "antiasimilacionistas".

Esta nueva forma de pensar aún en ciernes abre nuevas perspectivas, tal vez más sanas y prácticas en el mundo de la educación judía.

Tal vez la resistencia institucional que Wolffsohn encontró en México se debió a ese "pensamiento cognoscitivo prematuro" y la subsecuente angustia de ver amenazados sus esfuerzos en términos económicos, educativos y de cohesión social  invertidos en la infra y súper estructura comunitaria, esfuerzos y energía, que para el desconcierto de todos, apoyan una lógica que en estos momentos está pasando de moda con el empuje de la historia.







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