De Waterloo a la Guerra Fría, Parte III - Intelecto Hebreo

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De Waterloo a la Guerra Fría, Parte III

1er Lustro Rev. Foro

Diciembre de 2010

Por: Jacobo Contente          


Como curiosamente suele suceder en la historia con los amaneceres de cada siglo, para bien o para mal, se desarrollan cambios trascendentales para la humanidad. Waterloo no fue la excepción, pues a partir del 18 de junio de 1815, el siglo XIX cambió sus fuerzas y hegemonías establecidas a lo largo de los anteriores 100 años, haciendo destacar entre las demás monarquías europeas a la inglesa, convertida en un gran imperio gracias -en gran parte-  a su poderío naval, que duraría hasta los primeros 30 años del siglo XX.

Sin duda lo que ocurría en Francia preocupaba a los demás monarcas europeos, aunque la calma parcialmente llegó con la vuelta al trono francés de Luis XVIII. Sin embargo el Rey conservó muchas figuras y organización del Estado napoleónico. Con seguridad la prudencia que demostró en su mandato lo llevó a morir en el trono, algo que muchos no creían que pasaría, tomando en cuenta los sangrientos acontecimientos y motivos de la Gran Revolución del siglo anterior.

No obstante los efectos y resultados de ésas gestas revolucionarias, entre la república y las monarquías europeas, que hemos apuntado en las dos partes precedentes, tuvieron - guardando las debidas proporciones en cada caso- una mayor proyección en todo el impregnaba las mentes de personas con sus principios de libertad, fraternidad e igualdad.

Desde pequeños nobles o gobernantes, intelectuales, militares y hasta ministros de culto, vieron con claridad un nuevo horizonte para las naciones de éste lado del Atlántico; lo que se llamaría Estados Unidos de América, tuvo el primer rompimiento de las dependencias con Europa en 1776. No cabe duda que la República francesa, también ayudó materialmente a los colonos en su lucha contra los ingleses.

La independencia latinoamericana de España, se daría al inicio del siguiente siglo, con la excepción de 3 colonias importantes que debieron esperar al siglo XX, siendo estas: Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. En el caso de Brasil, fue algo distinto a los países de habla hispana, logrando su independencia de Portugal, con mayor armonía que el resto de las naciones en 1822, aunque conservó su forma de monarquía hasta 1888.
La creación de la máquina de vapor y el triunfo del carbón para generar energía. Anterior a esta revolución industrial, tan solo existían artesanos y trabajadores de la construcción; posterior a ella, sobre todo en Inglaterra, Alemania y Francia, surgió una nueva clase originalmente llamada obrera, y que a la postre los socialistas renombrarían como clase proletaria.
Por esos momentos de grandes cambios mundiales, Karl Marx junto con su amigo Friedrich Engels, publican “El Manifiesto del Partido Comunista”, con un claro doble propósito: el de una nueva política o forma de gobernar, además de plantear cuestiones sociales. El manifiesto realmente se inclinaba más por libertades sociales, y no tanto por libertades públicas, sin embargo causó muchos desórdenes en toda Europa.
Insurrecciones políticas dentro de Europa, después de Waterloo, también las hubo, como fue el caso de Austria, que tuvo que hacer algunas concesiones al nacionalismo húngaro, y la llegada de un joven emperador Francisco José, que se sentó en el trono de los Habsburgo hasta su muerte en 1916, muerte que iniciaría La Gran Guerra Europea de 1914 al 18.
Para la segunda mitad de ése agitado siglo XIX, las cosas cambiarían en materia de alianzas. Como ejemplo tenemos la establecida por dos naciones que en un pasado reciente fueron enemigas (Francia con Inglaterra); naciones que entraron en guerra contra Rusia en la Guerra de Crimea. La causa: el deseo del zar de intervenir en Constantinopla y los Dardanelos. El monarca ruso no pudo apoderarse del Bósforo, pero lo compensaron sustrayendo dos provincias del Imperio otomano, que a la fecha se llaman Rumania y Serbia, cuyas poblaciones ortodoxas se negaron al sometimiento e influencia rusa, logrando también su independencia, aunque en la turbulenta Serbia, hemos visto -en nuestros tiempos- las terribles historias ocurridas después de la desaparición de la República de Yugoslavia.
Con el arribo a la presidencia de Francia de Napoleón III (Carlos Luis Bonaparte 1808-1873), en lo que se dio en llamar la Segunda República, y posteriormente siendo ya Emperador (el Segundo Imperio), las piezas en el ajedrez político mundial se seguirían moviendo entre las tradicionales formas de poder: Monarquía, Imperio o República, pero ahora acompañados de  un inquietante nuevo factor, el social, que se transformaría de socialismo a comunismo, entrado el siguiente siglo, después de Waterloo.

Continuará…






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