De Waterloo a la Guerra Fría, Parte IX - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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De Waterloo a la Guerra Fría, Parte IX

1er Lustro Rev. Foro

Por: Jacobo Contente         

(02/2011)
Del gran conflicto mundial de 1939 a 1945, se han realizado infinidad de libros, películas y otros medios de información que expresan diversas causas y opiniones, tanto de ganadores como de vencidos, por lo que el ahondar en detalles bélicos ya conocidos por una gran mayoría, sería en parte inútil para los fines de la presente serie.

Lo que es interesante destacar es que el nuevo canciller de la Alemania nazi, admiraba el imperio inglés que había quedado prácticamente igual en el contexto de los grandes, no obstante el pasar de los años y la entrada del S.XX. No obstante la conservación del imperio, Inglaterra se había quedado prácticamente sola conservando sus colonias, pero con ciertos valores racistas que Hitler apreciaba, posicionando al imperio de la corona inglesa tan solo en un escalón más abajo que el de sus propios arios rubios. Es por ello que deseaba la paz con Albión, quedando frustrado con el resultado del envío a la gran isla de su muy apreciado lugarteniente Rudolf Hess, que saltó en paracaídas sobre Escocia con la idea de proponer un plan de paz por separado.

Incluso en las altas esferas de la realeza inglesa, Hitler y su partido tenían simpatizantes como el caso del duque de Winsor; pero con lo que no contó el Führer, y un buen número de ingleses influyentes, fueron los principios de un viejo como Winston Churchill, quien Albert Cohen -quien lo conoció personalmente-, lo describe como: “Viejo como profeta, apuesto como un genio y serio como un niño”. Si no fuera por él, la paz con los alemanes probablemente se hubiera dado, prolongando unas décadas más intacto, el gran imperio Inglés; pero eso era contrario al honor del viejo león que había surgido como nuevo Primer Ministro.

El rescate por mar de lo que había quedado de los ejércitos francés e inglés en las playas de Dunkerque, la memorable batalla aérea de Inglaterra, el gran invento inglés del radar y otros pormenores, como la célebre frase del gran Churchill: “Nunca en el campo de los conflictos humanos, se debió tanto a tan pocos”, han quedado ampliamente documentados, pero estimamos no se ha dicho ni documentado lo suficiente, las causas que iniciaron una unión tripartita entre Italia, Japón y Alemania, el conocido eje Tokio-Roma-Berlín.

En el caso de Italia, el dictador Benito Mussolini, ya había hecho gala de su fuerza en 1935, con un pequeño “enemigo” que resultó ser Etiopía; posteriormente para quedar bien y presumir su fuerza ante su amigo Hitler, invade infructuosamente Grecia, por lo que la Wehrmacht alemana tuvo que ayudarlo a salir del problema. En una palabra, la fuerza militar y el equipamiento militar italianos que en algún momento llegó a admirar el Führer, nunca demostró en la práctica, la efectividad que por el contario mostraba el ejército de Alemania, muy probablemente por la falta de motivación e idiosincrasia de los militares italianos, que habían peleado en la guerra del 14 al 18, del lado de los aliados con buenos resultados y mejores valores que defender.

Japón por el contrario, con anhelos de expansión que se veían frenados por la negativa de los E.U. en surtirles materias primas, entra -para algunos- sorpresivamente al conflicto, contra la única potencia que no había declarado la guerra, aunque previamente ya tenía una conveniente participación comercial e industrial. El ataque a la flota norteamericana en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, detona una gran lucha dual; por una parte la de expansión territorial, y por la otra, de conservación de dominios territoriales y viejas alianzas, que terminarían en 1945 tras grandes batallas, hasta la rendición de las 2 primeras fuerzas del eje (Italia y Alemania) en el marco europeo, y finalmente con la de Japón en el Pacífico.

Al realizar Alemania la invasión a Rusia rompiendo sorpresivamente el tratado de paz (Alemán-Ruso), Churchill fue el primero en firmar la alianza con los soviéticos, pues comentó: “Para vencer a Hitler, estoy dispuesto a aliarme con el diablo”; posteriormente al entrar E.U. a la guerra, también lo hizo, estableciéndose una triple alianza troncal contra las fuerzas del eje, que incluyó, posteriormente y en distintas fechas a países distantes como México, además de combatientes de varias nacionalidades, por lo que se convirtió en una verdadera guerra de proporciones mundiales. Lo dicho figurativamente por el almirante japonés Yamamoto, de que “habían despertado al dragón” -refiriéndose a los E.U.- se convirtió al poco tiempo en una realidad, pues aunque al principio -por estrategia- los aliados sumaron esfuerzos en África y Europa, la arremetida posterior contra las fuerzas japonesas, acabaría con un imperio que contaba con una casta de gobernantes y militares belicosa y muy adiestrada, rayando en un fanatismo que llegaría a la autoinmolación si fuera preciso, antes de una vergonzosa rendición; viendo en la práctica las actitudes antes descritas de los soldados y altos comandantes japoneses, en gran parte muchos justifican el lanzamiento ordenado por Truman, de 2 bombas atómicas sobre poblaciones civiles, para evitar mayor mortandad forzando una rendición a corto plazo, algo que afortunadamente lograron.

Estudiosos en la materia, señalan que el vuelco de la suerte a favor de los aliados por lo menos en el marco europeo se inició en 1943, cuando Rommel tuvo que retirarse; también y de mayor trascendencia, después de que los rusos ganaran la batalla de Estalingrado. Se puede afirmar que todos los combatientes de los ejércitos regulares, no importando las capitulaciones sin condiciones de Alemania el 8 de mayo de 1945 y de Japón el 15 de agosto del mismo año, fueron muy valientes y sacrificados ante nuevas y más letales formas de combate, sin embargo hasta la fecha, existe un malestar en el alma alemana desprendido de los acontecimientos perversos y horror desmedido, que muchas de sus fuerzas especiales provocaron en la memoria de todo el mundo, que no solo hace imposible celebrar sus acciones (como en la primera guerra), por esa gran vergüenza a nivel nacional, muchos agregan que los soldados alemanes murieron 2 veces, físicamente en la guerra y en la memoria de muchos de sus hijos.

El gran conflicto mundial que había generado aproximadamente 55 millones de muertos (9 millones en campos de trabajo forzados y de exterminio), al fin concluía, pero casi al mismo tiempo que las naciones que en 1945 estaban destrozadas se recuperaron, el mundo enfrenta otra variedad de conflicto –no tanto bélico, pero sí de ideologías e intereses- llamado “La Guerra Fría”….que trataremos en el próximo y último capítulo de esta serie.

Continuará…






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