De Waterloo a la Guerra Fría, Parte X *s - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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De Waterloo a la Guerra Fría, Parte X *s

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Por: Jacobo Contente          Música: Fragmento Obertura 1812, Op.49, Tchaikovsky.

(02/2011)
Los acuerdos de Teherán, Yalta y Potsdam, marcaban dos grandes grupos que colisionarían a corto plazo; por un lado lo que podríamos llamar como grupo de países occidentales, y por el otro los países socialistas o comunistas que encabezaba la Unión Soviética. Como ya citamos, lo que fue la Sociedad de Naciones, se convertiría en la Organización de las Naciones Unidas, con un Consejo de Seguridad que obligatoriamente se formaba por Estados Unidos, China, Gran Bretaña, Francia y la U.R.S.S.

Al término del conflicto, los americanos deseaban volver de prisa a casa, conformando un Plan Marshall de recuperación europea, mientras la U.R.S.S., sin prisas, ocupaba Alemania del Este, Polonia, Europa Central y los Balcanes, excepto Grecia donde se había desatado una guerra civil que duraría hasta 1948. Por su parte el viejo Churchill -quien había profetizado que caería en toda Europa un telón de acero- ya sin poder político por la pérdida de elecciones en su país, veía cumplido lo que siempre temió de Stalin, y que lamentablemente su principal aliado se negaba a reconocer.

Prácticamente para 1948, los países del este europeo se convertirían en “satélites” del comunismo con base en Rusia, o bien “democracias populares” excepto Yugoslavia con Tito a la cabeza, que mantuvo por largos años un difícil equilibrio de fuerzas que le daba cierta independencia y mantenía a su país abierto a occidente. Algo que determinó la posibilidad de que el sanguinario dictador ruso disminuyera sus intenciones de poder y amenaza, fue la posesión en pocos años de los conocimientos y fabricación de sus propias bombas atómicas. Como de costumbre, al presentarse el enfrentamiento de grandes poderes, surgen los pactos antagónicos, que en la Guerra Fría, llevarían los nombres de OTAN (por la parte de países de occidente), y el de Varsovia, que agrupaba a la U.R.S.S. y sus satélites.

Al igual que en la primera Gran Guerra y la Mundial, la existencia de un conglomerado  de naciones que promovían la paz, simplemente no funcionó como se esperaba, dándose numerosos conflictos serios y sangrientos en diversas regiones del planeta, como: la guerra de Corea, la de Vietnam, la crisis de misiles en Cuba y su injerencia  en África, varias tensiones y golpes de estado en Checoslovaquia y América Latina, sin faltar los innumerables conflictos en Medio Oriente. Por aproximadamente dos décadas (1962-1979), las superpotencias gestionaron -directa o indirectamente-  nuevos modelos geopolíticos, surgiendo además una variedad de movimientos de Países No-Alineados, también la OPEP, Liga Árabe, además de una carrera en campos tecnológicos como la del Espacio, que a la postre curiosamente y sólo  por carencias económicas, llegaría a unir fuerzas contrarias.


Para 1980, se iniciaría con la Perestroika y Glasnost un descongelamiento que al fin terminaría con tan peculiar “Guerra Fría” y la disolución de la Unión Soviética en 1991. Sin embargo al poco tiempo, y debido a una hegemonía global por parte de los Estados Unidos, ése país entra -para proteger intereses energéticos- en la Guerra del Golfo, e interviene también -en compañía de otros gobiernos- en países alejados en contra del terrorismo que sigue afectando sus vidas como naciones. Ya para el 2010, las relaciones entre las dos grandes potencias se consolida en una especie de sociedad no declarada y cooperación para enfrentar nuevas amenazas en un mundo que ya no era bipolar.

Si hacemos un comparativo aproximado en pérdidas de vidas (civiles y militares), entre las Guerras Napoleónicas (1799-1815), la Gran Guerra (1914-1918) y la Mundial (1939-1945), veríamos que las cifras por éste concepto siempre se dan en un constante aumento: 3.5 millones en las Napoleónicas, 8.5 millones en la Gran Guerra, y entre 55 y 60 millones en la Mundial. Sería arduo e inexacto el recabar el número total de muertos, entre los múltiples conflictos locales que se generaron en el los espacios de la Guerra Fría (1945-1989), pero en definitiva el gran total sería menor, si lo comparamos con uno de los mayores en duración y víctimas, como lo fue el de Vietnam (1964-1975), que da números aproximados de entre 3.8 a 5.7 millones de personas muertas, en su mayoría civiles.


Simone de Beaavoir (1908-1986), novelista y filósofa francesa, en algún  momento afirmaría, que: “La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida”… ¿qué tan cierta resulta su apreciación de tendencia educativa?... o bien la que el famoso Anatole France apunta en un marco  filosófico-religioso, de que: “El azar es el seudónimo de Dios, cuando no quiere firmar”. Tal vez entre estos distintos enfoques se encuentran las verdades que medien con las causas fundamentales de los conflictos humanos.

Hemos visto a lo largo de esta serie las diferentes formas y resultados de administrar la geopolítica y los poderes, desde las monarquías, los imperios, los anhelos y principios de las repúblicas, los sistemas absolutos de apenas el pasado siglo, que se debatieron entre varios “ismos” (fascismo, nazismo, socialismo, comunismo y capitalismo), pero no obstante los pingues resultados de todos ellos para mejorar las condiciones de vida de los pueblos, continúan preservándose los elementos de descomposición social, que al final los hace perecer.

Ahora mismo a inicios del siglo XXI, la tendencia de un aparente alivio a esas carencias es la globalización, que tampoco contempla entre sus planes y prácticas, la dignidad de la vida humana; por el contrario atiza el fuego para otra guerra, que ya no será Napoleónica, ni de proporciones europeas; tampoco mundial o fría como las dos últimas. La presente alcanza una proporción global, en que las compañías trasnacionales precipitan hacia otro dominio de poder, todavía más salvaje, una tensa nueva, callada pero sistemática geopolítica empobrecedora de países y pueblos, que de seguro no tardarán mucho en rebelarse con insospechados efectos y mayores víctimas, ya que lamentablemente la humanidad, líderes y sus gobernantes, todavía no aprenden mucho de su extenso pasado lleno de sangrientas luchas e inequidades. Aunque por ahora -dado el grado cambios de fondo hacia el bienestar real y digna de los seres humanos, únicamente y parafraseando a la inversa a Churchill, podemos constatar, que:

“Nunca en el campo de los conflictos humanos, tan pocos, continúan debiendo a tantos”.







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