Extraño encuentro en una mesita del Moskabiska - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Extraño encuentro en una mesita del Moskabiska

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Por: Jacobo Königsberg


Recuerdo que escribí:
“Después de toda una vida de ver cortar el césped mecánicamente, encontrarse con un jardinero que lo hace con una guadaña a la manera antigua, es algo fascinante para un habitante de la selva de concreto y asfalto.
"Observando a la larga cuchilla triangular describir amplios arcos, llevada hábilmente, casi a ras de tierra por el jardinero y viendo como bajo su filoso brillo caen segados por cientos o por miles los tallos de pasto, comprende uno por que la muerte, desde la Edad Media, fue armada con este instrumento.

"A cada golpe de guadaña caen, segundo tras segundo, cientos y miles de tallos de hierba, cientos y miles de vidas, cientos y miles de almas de hombres... silenciosamente, casi con un suspiro.
"Símil genial: el segador y la muerte... eficaz y silenciosa.
"Llega la parca y arrasa la vida. Calladamente, en forma de peste pasa la muerte. Estrepitosamente en los campos de batalla o entre gemidos de mil y un dolientes, cumple su macabra misión, mostrando bajo la negra capucha su rostro descarnado y su perpetua sonrisa, llega y pasa.
"Símbolo eterno -la guadaña, a pesar de las veloces segadoras modernas y de los pavorosos medios masivos de destrucción y muerte: la calaca a pie o a caballo con su guadaña. Segura, segadora... siempre cortando, el número no importa, importa la función.
"Borodino cuarenta mil muertos; 1914-1918 diez millones, 1938-1945 veinticinco millones... dos guerras mundiales.
"Cuestión de estadísticas, estadísticas frías y sin corazón.
"¿Cuántos millones ha cobrado la Tercera -no declarada- Guerra Mundial? Tercera Guerra con campos de batalla lo mismo en África que en el Mediterráneo, en Irlanda, España, Asia, América o el Pacífico. Guerras abiertas o encubiertas, con ejércitos regulares y uniformados o solapados, operando entre la población anónima de las ciudades.
"No hay datos precisos de los últimos cuarenta años de guerra, pero a pesar de lo escalofriantes que pudieran ser, hay un balance estadístico (balance frío y sin corazón) que desconcierta: la población mundial ha pasado de dos mil millones -en 1940- a cerca de cinco mil millones -hoy.
"A pesar de la superioridad de la segadora mecánica sobre la guadaña, la vida sigue ganando la batalla a la muerte.
"Y hay quien se alarma: se alarma por los muertos y se alarma por los vivos".
Hasta aquí llegaba el borrador que le presenté a Yichy, el Maestro, cuando lo encontré en el café Moskabiska, donde ocupaba su mesa habitual, frente a medio vaso de café con leche y una chilindrina a la que había dado ya dos mordiscos.
Leyó con detenimiento mi inconcluso escrito, dio varios sorbos al vaso, se acabó de tres mordiscos el bizcocho y limpiándose el azúcar de las comisuras de los labios, dio otros dos tragos y dijo:
Se alarman los hombres, sin embargo parece que la naturaleza no se espanta: de un puñado de hombres que fuimos hace escasos decenas de milenios, como quien dice en tiempos de Adam Ha'Rishon, ahora somos cinco miles de millones y la Tierra nos sigue soportando, quizás porque no somos tan pesados como presumimos ser. (Si todos los hombres brincáramos al unísono nuestro planeta no se estremecería). Ya se ha mencionado muchas veces, toda la humanidad cabe en un cubo de una milla por lado... y sobra espacio, y si ese cubo se arrojase al mar su nivel no cambiaría. Los insectos en conjunto pesan más que nosotros.
Saqué rápidamente mi libreta y febrilmente empecé a tomar nota de cuanto decía, procurando no perder palabra.
Podemos suponer -continuó diciendo- que si la naturaleza ha propiciado que nos multipliquemos no es en vano. Quizás es lo que le conviene o lo que "desea". Porque al multiplicarnos no sólo ha multiplicado a unos mamíferos, de setenta kilogramos de peso promedio en la edad adulta, sino que ha multiplicado el espíritu que "se da" en esos seres y que, aunque no pesa, no puede encerrarse en un cubo de una milla por lado.



Hizo una pausa, pensó unos instantes y prosiguió:
Quizás la naturaleza "anhele" más espíritu o necesita más conciencia, pues el Cosmos sólo puede tener conciencia de sí mismo a través de una parte de sí mismo capaz de hacerlo, y esa parte es el hombre. Aunque podemos suponer una conciencia rudimentaria en todos los seres vivos y más en los animales superiores, es hasta Adam (el Hombre) que esa adquiere la calidad de Tzelem Elohim, que es cuando es racionalmente consciente de su conciencia. Sabe que existe y se pregunta "por qué". Es ese tipo de conciencia, tipo "Tzelem Elohim", la que, quizás, desea acrecentar la naturaleza o el Cosmos. Conciencia que sólo existe hasta donde sabemos, en el planeta Tierra que gira en torno a la estrella Sol, en un Cosmos plagado de galaxias y universos.
¿Y por qué ha de desear el Cosmos la conciencia de seres tan insignificantes y perversos como el hombre? -lo interrumpí sin dejar de apuntar los conceptos que vertía.
Porque alguien debe saber que existe el Cosmos y maravillarse -respondió y dando un sorbo a su café prosiguió: -el Sol a pesar de su tamaño no puede, ni los planetas. Sólo los insignificantes y endebles seres llamados hombres saben que habitan en el Cosmos, porque han sido dotados de órganos de los sentidos apropiados para ello, tienen ojos, oídos y tacto para enterarse de que existe el mundo y un cerebro que almacena, recuerda, ordena y relaciona los datos que aquellos le proporcionan, para entender el orden y la realidad del universo. En esos pequeños seres creció y se desarrolló al máximo la conciencia y quizás por ello el Cosmos los está multiplicando, a pesar de la labor tenaz e incesante de la guadaña y su moderna versión: la segadora mecánica que tu mencionas.
Pero, Maestro ¿no te parece exagerado el papel que le estás asignando al hombre en el universo? -pregunté escéptico y agregué: me parece que el Sol, por ejemplo, es "cósmicamente" millones de veces más importante que toda la humanidad?
El Sol, te repito, no tiene ni ojos, ni oídos, ni cerebro, ni razón -respondió sin inmutarse- sólo con ellos puede conocerse el mundo y esos fueron dados al hombre que tiene el Tzelem Elohim y gracias a éste ha multiplicado su capacidad de ver, oír y entender con los telescopios, cámaras, computadoras y cohetes espaciales que ha ideado y con toda la ciencia y sabiduría que ha acumulado.
Y ¿qué me dices de su maldad? ¿de la segadora mecánica?
Hay más bondad que maldad en la Tierra y en el hombre. De lo contrario la humanidad sería cada día menos numerosa, hasta extinguirse. Si el número de hombres ha aumentado es porque, a pesar de todo, han sido buenos los unos con los otros. Muchos se han preocupado por sus semejantes, buscando su bienestar ya sea en el pequeño núcleo familiar, abarcando grandes comunidades o a la humanidad entera, aunque lo hayan hecho persiguiendo el lucro, el resultado de sus actos fue en bien de los demás -diciendo ésto se tragó el último sorbo de café, pagó, se paró, se despidió y salió.
Yo me quedé sentado pensativo. Al poco rato también ordené un café con leche y una chilindrina... quizá el café y el bizcocho del Moskabiska, que sabiamente tomaba Yichy, el Maestro, me ayudaría a comprender y a compartir su optimismo.


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