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03/11/2017
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La Carta de Moussali

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La Carta de Moussali


Por: André Moussali

Sr. Director:
"Tenía apenas 14 años de edad mi hermana cuando intentó suicidarse", me comentó un amigo. "Mi madre le había prohibido salir sola con su novio". "Como padecía de los nervios, el doctor le había recetado algunos tranquilizantes. Al entrar a su cuarto, mi madre descubrió que los frascos de dichas medicinas estaban vacíos. Mi hermana se encontraba tendida en la cama y no reaccionaba. Inmediatamente intentó levantarla y con todas sus fuerzas la arrastró por las escaleras. Tomó un taxi y la llevó a la Clínica Prensa en donde rehusaron atenderla porque, según ellos, ya estaba agonizando. De ahí mi madre, desesperada, la condujo a la Cruz Roja donde la recibieron y finalmente le lograron salvar la vida. Al segundo día mi hermana regresó a casa hinchada y totalmente morada de la cara y hasta la fecha padece de problemas nasales, debido a los tubos que le aplicaron para revivirla".


De acuerdo a un psiquiatra, uno no se suicida por sí mismo, sino contra alguien o contra la sociedad.
La realidad es que de 120,000 intentos de suicidio, sólo el 10% lo logra. El porcentaje está aumentando año con año. Los pacientes suicidas de los psiquiatras son generalmente aquellos que intentan suicidarse con barbitúricos. Un método del cual uno se puede salvar. "Los cadáveres no los vemos", declara un psicólogo, "cuando nuestros pacientes logran su cometido, nos enteramos después".
Las tentativas de suicidio ya perdieron su carácter trágico, se han convertido en noticias banales. Al parecer, ya son menos peligrosas, pues el mecanismo de salvación y socorro, es más rápido y eficaz, a excepción de los que lo intentan en lugares aislados.
En las ciudades, todo está listo para responder a estos casos con urgencia y darles el tratamiento terapéutico adecuado.
Los suicidas que si fallecen, ya son casos raros y se conocen por los medios masivos de comunicación.
El suicidio ha cambiado, no solamente porque ya no conduce a la muerte, sino porque el mundo ha cambiado. Hace décadas, los obstáculos contra el suicidio consistían en la integración familiar, a la religión y a la colectividad.
Actualmente, hay mayores suicidios en las sociedades de religión protestante, en la que rige el libre albedrío y el hombre se encuentra más libre y solitario ante la toma de decisiones. Su conducta no está regida por dogmas estrictos, como en el caso del catolicismo y el judaísmo.
De acuerdo a la religión judía, la preservación de la vida, incluyendo la propia es uno de los preceptos más venerados y respetados. El suicidio es uno de los pecados más castigados por nuestras leyes, aún peor que el asesinato. Se le excluye de la recompensa del mundo venidero. Inclusive no se llevan a cabo los ritos normales en honor al muerto. Sin embargo se distingue entre los que suicidan a conciencia y entre los que lo hacen sin sus facultades mentales. A estos últimos, no se les castiga.
Quizás, el más famoso caso de suicidio en la historia del judaísmo, fue el caso de los habitantes de la fortaleza de Masada, que prefirieron morir libremente que vivir como esclavos. Esto lo hicieron de acuerdo a su interpretación de la Halajá que considera esta muerte como un acto de martirio, una de las más grandes mitzvot del judaísmo.
Por otra parte, hoy en día la sociedad actual y secular ya no se rige por sus respectivos dogmas religiosos. La institución familiar se ha fragmentado y se ha reducido a individuos o pequeños núcleos solitarios, que viven, sufren y mueren solos. Las dos terceras partes de los individuos solitarios, la constituyen las mujeres.




En el mundo occidental ya se acabaron las guerras ideológicas, los famosos "ismos.- comunismo, socialismo, populismo, etc." que ocupaban las mentes humanas y los alejaba de la soledad. Hoy se vive en la neblina, sin ideales comunes y con jóvenes adolescentes que no se comunican ni entre ellos, ni con sus padres. Cada vez más se ven más pacientes adolescentes en consultas psiquiátricas, lo que quiere decir que las madres delegan su papel en otros, y es lo que más resienten los hijos.
La población de las ciudades se ha convertido en una sociedad de consumo, que se dedica a adquirir más y más bienes, lo que provoca la exacerbación de los deseos y las insatisfacciones.
Si las sirenas de las ambulancias salvan a los suicidas, la forma de vida actual no logra que se curen del todo.
Las principales causas del suicidio y el comportamiento para ello, es el silencio, sobre todo entre los jóvenes de 16 a los 24 años y los ancianos de más de 65 años. Son las dos generaciones con mayor índice de suicidio. Y no hay más que la palabra para romper el silencio. Si recordamos "El Extranjero", de Albert Camus (que también terminó suicidándose), dice... "para que todos mis deseos se logren, para que me sintiera menos solo me quedé deseando que hubieran más espectadores el día de mi ejecución y que me recibieran con gritos de odio". Al parecer, deseaba a gritos acabar con el silencio que lo agobiaba.
Un autor francés calificó el suicidio como "peste blanca", que vino a reemplazar en las sociedades ricas, la hambruna y las epidemias que acompañan la miseria.
Es la indiferencia irresponsable que mata sin ver, la indiferencia y el odio de la tercera parte de la sociedad que contempla la caída de los otros, sin conmoverse ni perturbarse, cuando el mínimo gesto de humanidad y acercamiento, los podría salvar.
Por lo común, los jóvenes y los ancianos son víctimas de la indiferencia, de esta violencia sin rostro contra la cual resulta difícil luchar. Los adolescentes encuentran menos y menos adultos que los apoyen, aunque si especialistas que los tratan de una forma profesional, sin recibir una relación afectiva. En cuanto a los ancianos, éstos no encuentran a nadie.
En las sociedades del Medio Oriente, en las que aún se respeta profundamente a los mayores y ancianos, éstos se sienten más amados y por ende más vitales. En contraste en las sociedades occidentales, se les ignora o se les deja a su suerte.
El milagro, ahora sería la palabra. Porque nuestro mundo se acaba cada día más por culpa del silencio y nosotros también. El hombre debería hablar aun cuando sea para revelar sus debilidades, aun cuando hable en el vacío, aun cuando sea para dar la palabra a los vencidos y dejar el poder a los victoriosos, aun así, con tal de romper el muro del silencio




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