La música y lo que nos emociona - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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La música y lo que nos emociona

Colección y Consulta

Por: Sulamita Konigsberg

¿Qué es, por qué nos emociona y cuáles son sus elementos?


Hablar de música, es hablar de un mundo inagotable y mágico, de melodías y ritmo. La música es vida, es movimiento y cuando escuchamos un bello sonido nos llega hasta el mismo corazón.
Acerca de la música se han escrito volúmenes enteros. El tema es a la vez, complejo y extenso. La música forma parte de nuestra vida y podemos escucharla de diversas formas, ya sea cuando disfrutamos tranquilamente de ella, en casa; en un concierto, de manera objetiva; cuando hemos estudiado acerca de ella; o de manera subjetiva. También automáticamente, cuando escuchamos el radio, al manejar o en una fiesta, en forma distante o aun cuando es estruendosa y molesta. Seguramente si nos ponemos a pensar, qué es la música, encontraremos una respuesta.

La música es arte y es ciencia; como ciencia, se somete a leyes matemáticas y físicas como la acústica, que es precisamente una rama de la física que estudia los fenómenos sonoros. Como arte, la música está catalogada universalmente, dentro de las bellas artes junto con la literatura, la pintura, la escultura y la arquitectura. Algunos añaden la danza y la cinematografía.

La música como arte, se somete a leyes estéticas aportando la parte espiritual, que junto con la ciencia, cuyo aporte es material, provocan el nacimiento de la obra artística que perfecciona el trabajo y la inspiración, pero nunca se puede dar este fenómeno tomando uno solo de los factores antes descritos.
Siendo uno de los más poderosos medios de expresión cuyo elemento principal es el sonido, se combina con el silencio y el tiempo pues al igual que los sonidos pueden ser muy emotivos y significativos. Tiene el poder de conmovernos, pues habla de sentimientos y estados de ánimo; como decía Stefan Swaig, la música es el más elocuente de todos los idiomas.
Podemos considerar que forma parte de las artes del tiempo, a diferencia de otras como la arquitectura, que son artes de espacio, además como se puede considerar a la música un lenguaje universal, su importancia es relevante pues no sólo es patrimonio de una época determinada sino de toda la humanidad sin importar el factor tiempo.
Dentro de los elementos que forman la música podemos encontrar el ritmo, la melodía y la armonía. El primero guarda el orden y la proporción entre los sonidos; el segundo es la sucesión de sonidos, relacionados entre sí; y el tercero se refiere al encadenamiento lógico y artístico de los diversos sonidos.
La velocidad del sonido en el aire es de 340 mts. por segundo, en los gases, de 1250, varía hasta 6000 en los líquidos; a través de la luz, alcanza la fantástica velocidad de 300,000 kms. por segundo. Su calidad depende de la entonación, intensidad y timbre del instrumento productor, que a través del medio transmisor llega al medio receptor.
Podemos considerar a la música como la más inmaterial de las artes, pues otras tienen la necesidad de valerse de formas visibles, concretas y tangibles, como la escultura, pintura, etc.; aunada a esta diferencia, la música puede transmitir la sinceridad y la fuerza de su creador y de diferentes ejecutantes.

Música popular y elitista
A partir de la organización de las formas sociales primitivas, se va estableciendo la diferencia entre la música popular y la que no lo es. La primera, se hace para uso de la colectividad, entrelazándose con sus costumbres, modalidades, plasmando el sentimiento del conglomerado.
Paralelamente nace una música simbólica que parte de los mismos factores pero que está reservada para uso del jefe de tribu, sacerdotes o magos y cuyo uso es para una intención determinada; su condición la vuelve reservada o vedada a la mayoría y por consiguiente elitista.
La música popular, pone de manifiesto el alma del pueblo, con sus características, paisaje o medio ambiente en que vive, además de sus tradiciones y la educación que posee. Es eminentemente espontánea y su intención es traducir lealmente sus sentimientos, es por ello que se considera bella y tiene riqueza y variedad. No debe de confundirse la música de "moda" con la popular pues la primera comúnmente es frívola, intrascendente y trivial.


La música popular en Europa
Se formó este tipo de música al influjo de los pueblos de la antigüedad, asiáticos, griegos y romanos, pero a medida que los pueblos fueron defendiendo su nacionalidad, surgen las características propias, que van diferenciando la música de cada país o región. Influencias importantes se notan en la Edad Media, por parte de la iglesia; la francesa, con sus juglares y trovadores, la franco-flamenca y la inglesa. Durante el Renacimiento se cuenta con la italiana, alemana y así hasta llegar a nuestros días con la influencia americana.
Probablemente España sea el país que mayor variedad posea en su música popular, pudiéndose mencionar las peteneras, malagueñas, fandango, boleros, tangos y zapateados entre otros. El romance, que relata hechos heroicos de caballeros valerosos en la Edad Media, ha tenido gran importancia para el corrido mexicano. Podemos decir que la música popular europea ha tenido gran influencia en el desarrollo de la música profesional y culta.
Para terminar con este primer capítulo citaremos algunos conceptos que varios compositores y directores tenían acerca de la música:
Leopoldo Stokowsky, uno de los grandes directores orquestales opinaba que la música es orgánica, puesto que no sólo está unificada en sí misma, sino que también está unida a la vida, siendo como es, la expresión por medio del ritmo y el sonido; de la línea sin límites, de nuestros sentimientos, y además está íntimamente ligada con los ritmos y ciclos además de pulsaciones de nuestra vida. Comentaba sobre la música de Bach, como una de las supremas manifestaciones del alma humana; sentía un humor inquieto en la obra de Richard Strauss. En Moussorsky, el áspero y primitivo espíritu de la música eslava. En Sibelius, la ensimismada vida interna de un pueblo y en Debussy, las más vagas y tiernas emociones, como rayos de luna, e intensamente sugestivas.
Para Franz Liszt, el gran compositor romántico, la música era el corazón de la vida, y decía que a través de ella hablaba el amor. Para Beethoven, la música fue una revelación más alta que la filosofía.





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