Los judíos en la antigua China - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Los judíos en la antigua China

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Los judíos en la antigua China


Por: Sidney Shapiro (R. Ariel)

En los últimos años solían visitarme algunos amigos de occidente, en mi hogar en Beijing (Pekin), que preguntaban: "Tu apellido  es Shapiro y vives en China desde hace más de 40 años, de modo que sin duda estás al tanto de todo lo que se relaciona con los judíos chinos. ¿Qué nos puedes contar de su historia?".
A decir verdad, sabía muy poco entonces. Y tanto por desconcierto como por curiosidad empecé a mostrar interés en el tema, a buscar estudios de sinólogos occidentales. Me encontré con un asombroso surtido de libros, artículos especiales  y tratados, no menos de 200 en número, escritos desde el siglo XVII en inglés, francés, alemán, latín, italiano, portugués, ruso, japonés e yidish. En sus lenguas originales o en traducciones, estaban diseminados en círculos académicos  por el mundo entero, y a veces publicados también en la prensa popular.


En junio de 1601, un anciano caballero chino llamado Ai Tian, arribó a la  misión jesuita de Beijing. Deseaba adquirir conocimientos sobre esa religión foránea que, conforme a lo que había escuchado, se parecía a su propio credo sólo  en el hecho de que afirma la existencia de un solo Dios. El Padre Matteo  Ricci, superior italiano de la misión, se mostró muy hospitalario y guió al huésped por todos los rincones, pensando que tal vez formaba parte de la secta cristiana de  los nestorianos que habían llegado a China unos mil años antes que  los jesuitas.
En la capilla, Ai Tian vio una pintura de la Virgen Santísima y el Niño a un lado del altar y, al otro lado, una de Juan el Bautista (cuando era muy joven). Pensó entonces que se trataba de Rebeca con Jacob y Esau. Al notar en las paredes retratos   de los Cuatro Evangelistas, preguntó si se trataba "de cuatro de los doce". Ricci creyó que se refería a los Doce Apóstoles, pero Ai Tian tenía en mente a cuatro de los 12 hijos de Jacob, progenitores de las Tribus de Israel.
Una conversación posterior reveló que Ai Tian era judío, miembro de una comunidad judía que durante siglos había existido en Kaifeng, cerca del Río Amarillo, en la provincia de Henán, practicando su religión y manteniendo una sinagoga.   Durante los 150 años subsiguientes, misioneros católicos llegaron a Kaifeng. Sus descripciones sobre lo que vieron fueron publicadas en varias lenguas y circularon profusamente a lo largo de Europa.
El interés que demostraban se debía, ante todo, a la creencia que las predicciones con respecto al natalicio de Cristo habían sido excluidas deliberadamente del Antiguo Testamento por los miembros de la Academia de Babilonia que, entre los siglos   IV y VII e.c., prepararon el Talmud. Si el Antiguo Testamento de los judíos de Kaifeng era precristiano en su origen y si realmente presagiaba el nacimiento de Jesús, ¿no constituiría eso una prueba de que las antiguas escrituras habían   sido falsificadas y que los judíos habían sido engañados por los rabinos talmúdicos? De ese modo, ¿no se allanaría acaso el camino para un segundo advenimiento de Cristo?

Aunque los jesuitas no pudieron descubrir evidencias de una falsificación talmúdica, estudiaron diversos hechos sobre la vida y las costumbres de los judíos de Kaifeng y escribieron varios informes de carácter informativo. Otros, animados    por diversos intereses y de países diferentes, continuaron dichos estudios en los siglos XVIII y XIX, y multiplicaron sus conocimientos.
La mayoría de los eruditos de Occidente se sabían limitados, por fuerza, en su comprensión de la lengua, historia y cultura de China. Además nada se había publicado de hecho en el extranjero que reflejara los puntos de vista de los propios    chinos. Ello no se debió a la falta de diligencia académica por parte de los sinólogos. Por una parte, los estudios chinos sobre los judíos no comenzaron hasta la víspera del siglo XX. Por la otra, los tratados chinos referentes a los   "israelitas",  como los llamaban, no se publicaron en China hasta hace muy poco tiempo.
Por lo tanto, decidí que mi mejor aporte podría ser la compilación en un libro de todo el material de los estudiosos chinos que fuera factible reunir sobre el tema. Pero la localización del material de estudio me resultó mucho más difícil    que lo previsto.
Viajando en avión y en autobús, en el otoño de 1982, visité Fuzhou, Quanzhu, Xiamén (Amoy), Guanzhou (Cantón), Hangzhou, Yangshou, Shanghai, Nongbo, Zhengzhou, Kaifeng y Yinchuan. Entrevisté a historiadores, arqueólogos y sociólogos.    Me fueron de ayuda y pusieron a mi alcance valiosos puntos de vista. Varios de ellos me prometieron escribir artículos especiales. Todos coincidieron en que la política del nuevo gobierno, consistente en estimular los estudios académicos en   forma  activa, había creado un ambiente favorable para la investigación. Aquellos que se ocupaban de religiones foráneas, expresaron que ya habían iniciado trabajos con respecto a los nestorianos y al maniqueísmo, pero que nunca habían   considerado  aún el judaísmo. Admitieron su complacencia por el hecho de que les habíamos llamado la atención y dijeron que se trataba de un "espacio en blanco" que procurarían llenar debidamente. En Beijing recibí también numerosas   respuestas  entusiastas y pronto pude incluir varios hallazgos nuevos en relación con los judíos chinos.
Como resultado, pude traducir, editar y compilar un volumen de 12 ensayos de prominentes eruditos chinos, sobre los judíos en su país. En su conjunto trazan la historia de los judíos desde sus albores hasta el presente. El libro lleva por título   Los Judíos en la Antigua China: Estudios de eruditos Chinos; fue publicado por la editorial Hippocrene Books Lo mismo que entre los estudiosos del mundo entero, los chinos no están de acuerdo entre si con respecto a los hechos y disienten    de sus colegas extranjeros. Aunque sus descripciones son intrincadas, me parecen sin embargo muy estimulantes.
A criterio de los chinos, los hechos referentes a la historia de los judíos en su país son los siguientes:
-Año 722 a.e.c.: Asiria conquista la Tierra de Israel y exilia a las diez tribus, que gradualmente se desvanecen. Varios viajeros modernos sostienen haber descubierto remanentes de ellas entre los tibetanos, el pueblo chino de Qiang y los indios americanos.    Los chinos, empero, no han encontrado ningún vestigio de alguno de ellos.
-Siglo VIII a.e.c.: Isaías profetiza que los judíos habrán de retornar de la tierra de los "sineos". Varios eruditos occidentales afirman que la referencia bíblica es a China, pues el nombre original es Chi'in (Qin), la primera dinastía    que gobernó en el país unificado. Pero, dicen los chinos, no hubo ninguna Dinastía Chi'in hasta el año 221 a.e.c., cinco siglos más tarde, de modo que es imposible atenerse a esa suposición. Sea como fuere, nunca se ha verificado que    los "sineos" vivieron en Aswán, Egipto.
-Siglos V y IV a.e.c. Los persas trasladan una gran parte de la población judía a Persia y Media, al sur del Mar Caspio.
-Año 176 a.e.c: Opresión de Antíoco IV, encaramado en el poder.
-Año 175 a.e.c.: Presunto arribo a Bombay de los judíos de Kolaba.
-Año 164 a.e.c.: Los macabeos reconquistan Jerusalem, tras lo cual la fiesta de Janucá es celebrada por muchos judíos, pero no por los de Bombay o de Kaifeng. Se cree que ese hecho demuestra que no pocos judíos abandonaron su patria antes    de la victoria de los macabeos.
Fue durante la Dinastía Tang (618-907 e.c.) que los mercaderes persas y árabes comenzaron a navegar hacia China en gran número Judíos que en ese entonces habían vivido entre ellos por espacio de medio siglo, les acompañaron. Puesto que    se les parecían físicamente, vestían ropas iguales, hablaban la misma lengua y habían adoptado nombres árabes o persas, los chinos tal vez no los distinguieron y los clasificaron en la misma categoría: se mu ren (pueblo con "ojos de    color"). Algunos se asentaron en ciudades portuarias, tales como Cantón, Quanzhou, Yangzhou y Ningbo. Otros se trasladaron más al norte, hacia el Gran Canal y al Río Bian, en dirección a Bianliang (Kaifeng) u otras ciudades septentrionales.
Se tienen algunas evidencias de que los judíos formaron parte de las caravanas que llegaron por vía terrestre, por la Gran Ruta de la Seda, quizá en los siglos I y II, sin duda a mediados de la Dinastía Tang. En los áridos desiertos de    Xinjiang, conocidos antaño como el Turkestán Chino, se hicieron dos importantes descubrimientos en los primeros años del siglo actual: 1) una carta escrita en lengua persa por un judío de Persia, pero que nunca llegó a ser enviada; sus    letras son hebreas típicas y el papel utilizado sólo se fabricaba en China en ese entonces; 2) un fragmento de plegaria hebrea, escrita también sobre papel.
Pero los viajes en caravanas eran arduos, largos y peligrosos; no sería lógico que los participantes llevaran consigo a sus familias. Sólo cuando las constantes guerras entre los pequeños reinos de Xinjiang tornaron la marcha por la Ruta de    la Seda demasiado riesgosa -en tanto que el comercio por vía marítima se inició sólo en el siglo VIII- fue posible una inmigración en gran escala. A esta conclusión arribaron la mayoría de los historiadores chinos.
Hasta ahora no se ha encontrado ninguna evidencia tangible que atestigüe la presencia judía en los tiempos remotos, aunque las sedas chinas, que sólo podían haber llegado por tierra en caravanas que incluían mercaderes judíos, eran muy    populares entre las mujeres romanas.
Para la Dinastía Song septentrional (960-1127) tenemos una fecha exacta: el año 998 y el nombre del emperador que ostentaba el poder Zhen Zong; un erudito chino supone que se trata del tiempo preciso relativo a la llegada de un grupo de judíos    a Kaifeng. Lo demuestra por medio de un registro de inmigrantes que, según sostiene, sólo pueden haber sido judíos.
Después de que los mongoles conquistaron China y establecieron la Dinastía Yuan (1279-1368), muchos judíos fueron mencionados en documentos oficiales. El lahud árabe, el Djub persa, ambos del hebreo Iehudí: fueron traducidos en equivalentes    fonéticos chinos como Zhuhu Zhuwu o Zhuhe, en todo tipo de ordenanzas o reglamentos concernientes al pago de impuestos y al servicio militar. Varios historiadores chinos creen que cuando los ejércitos mongoles regresaron de sus conquistas en el    Medio Oriente y en el sur de Europa, muchos judíos vinieron con ellos, sea voluntariamente o en calidad de cautivos. De un reglamento de la Dinastía Yuan referente a los judíos, 'dondequiera que se encuentren', se deduce que existían comunidades    en diversas partes de China.
La documentación más completa que tenemos acerca de la historia de los judíos en China fue escrita, en chino, por los propios judíos. Tres inscripciones en piedra, fechadas en 1489,1512 y 1663, grabadas para conmemorar la reconstrucción    de la sinagoga de Kaifeng, a más de una placa fechada en 1679 del clan Zhao, relatan en conjunto una historia completa y crean también una notable controversia. Se autodenominaban "israelitas" e indicaban que provenían de las "regiones occidentales",    término vago que abarcaba la India y el Medio Oriente. Pero no coincidían en cuanto a la fecha de su arribo: la inscripción de 1489, alude a la Dinastía Song (960-1279), la de 1512 a la Han (206 a.e.c. - 220 e.c.) y la de 1663 a la Dinastía    Zhou (1066-256 a.e.c.). Cuanto más antigua la inscripción tanto más primordial y por lo tanto la fecha que se atribuye al arribo se torna más venerable. Pero las inscripciones contienen abundantes materiales sobre prácticas religiosas,    conceptos filosóficos y vínculos con otras comunidades judías.
Los eruditos chinos consienten en que la fecha de construcción de la sinagoga de Kaifeng es el año 1163 e.c.; probablemente sea correcto y los judíos deben haber llegado pocas décadas antes. También se muestran de acuerdo con la declaración    contenida en la placa de 1679, según la cual su número en Kaifeng ascendía a unas 500 familias. Las controversias, en su mayor parte, se centran en la determinación del lugar exacto donde vivía la diáspora en el siglo primero e.c.  y   su arribo a China, probablemente en el siglo X.




Los historiadores chinos afirman que con excepción de un grupo que emigrara  a Alejandría, en Egipto, la mayoría de los judíos se trasladaron al este, al interior de Arabia, Persia, Asia Central y la India. Una tendencia se inclina a creer    que los judíos de Kaifeng procedían de la India, pues las inscripciones  en la sinagoga revelan que traían consigo mercaderías de algodón, fabricadas en ese entonces en la India y todavía no en China. Las anotaciones en los libros de    oraciones de Kaifeng, sin embargo, están parcialmente escritas en persa  sin ninguna palabra en alguno de los dialectos indios. Por supuesto, pueden haber rezado de paso en algún puerto de la India, o haber pasado algunos años en ésta, pero    al parecer no bastante tiempo como para olvidar su lengua persa.
Es cierto que hubo -y aún hay- judíos en la India, cerca de Bombay, así como también en Khaibar. A unos 60 km al sur de Bombay está situada la ciudad portuaria de Kolaba. En su barrio Junjira vive gente que se autodenomina "Bnei Israel"     (Hijos de Israel). Dicen que huyeron de la persecución del rey seléucida griego Antíoco IV, en 176 AEC, y que se radicaron en Kolaba un año después. Los judíos de Kolaba sostienen haber llegado en el siglo VI AEC, después de la   destrucción   del Primer Templo de Jerusalem.
Los durani -un grupo étnico del Afganistán-, se consideran también como "Bnei Israel" y afirman descender de "Afgán", un presunto nieto del Rey Saúl, que precediera a David en el trono de los israelitas. Alguna gente de Kashmir sostiene     que descienden de las Diez Tribus Perdidas.
Todos los relatos arriba mencionados, anotados por estudiosos chinos, fueron incluidos en mi libro sin juzgar su autenticidad. Concuerdan en que hubo poblaciones judías en esas zonas, así como también en lugares como Balkh (ex Bactriana), Bujara     y Samarkanda en Asia Central, desde donde es posible entrar en China por tierra, siguiendo la Ruta de la Seda, o trasladarse al sur, hacia la costa de la India y continuar de allí en barco.
Varias otras urbes chinas hospedaron sin duda comunidades judías. La hermosa ciudad de Hangzhou se convirtió en la capital de lo que perteneciera a la Dinastía Song septentrional (1127-1279), cuya corte huyó de Kaifeng por los violentos ataques     de los conquistadores tártaros. Yang Yu, historiador de la Dinastía Yuan (1279-1368), fundada por el mogol Kublai, especificó que "todos los funcionarios en la Oficina del Azúcar de Hamgzhouh son judíos o musulmanes acaudalados"
Los judíos en Yangzhou, Ningxia y Ningbo están acreditados en las inscripciones de Kaifeng, como habiendo aportado escritos y dinero para la restauración de la sinagoga de Kaifeng en el siglo XV, después de que fuera destruida por un desborde     del Río Amarillo. En 1982 visité Ningbo, una gran ciudad portuaria al sur de Shanghai y allí se me mostró la ex "Calle Persa", donde se levantara antaño el "Hotel Persa".
El principal puerto de la provincia de Fujian desde el siglo VII hasta el XIV, fue Quanzhou. Los estudiosos chinos mencionan a Andrés de Perugia, obispo católico de dicha ciudad, como quejándose en una carta a sus superiores en Roma: "Podemos     predicar libremente y sin ser molestados, pero entre los judíos y los sarracenos ninguno ha aceptado convertirse".
Marco Polo, nos recuerdan los historiadores chinos, pasó varios años en la corte de los mongoles de Yuan, cuya sede estaba en Khanbaliq, ciudad que hoy recibe el nombre de Beijing. El célebre veneciano del siglo XIII, escribió en su famoso     "Viajes", que el emperador Kublai Khan reprochó a los judíos por mofarse de los cristianos nestorianos rebelados, que en 1287 fueron vencidos en la guerra a pesar del blasón de la cruz que ostentaban sus banderas.
Los estudiosos chinos creen que la lista de ciudades que antaño contaban con comunidades judías habrá de ampliarse, a medida que aumente la investigación histórica y arqueológica. Parece inverosímil que los principales centros culturales     y comerciales no hayan tenido, por lo menos, algunos asentamientos judíos.
Kaifeng alojaba la comunidad judía más numerosa y fue la que perduró más tiempo. De 1163 a 1663, su sinagoga fue construida y restaurada diez veces, lo que demuestra la fuerza de su congregación y el apoyo que recibía de los judíos     de otras ciudades. Pero cuando el poderío de China disminuyó, también declinaron las comunidades judías. Hacia mediados del siglo XIX, la mayoría de ellas desaparecieron, exceptuadas algunas pocas familias de Kaifeng. La sinagoga ya  no    existe, la vendieron sus sobrevivientes empobrecidos. Durante siglos de matrimonios mixtos, los judíos remanentes comenzaron a asemejarse y a actuar como chinos vernáculos. Ninguno de ellos sabía leer hebreo ni oficiar servicios religiosos.    Apenas  un puñado tenían conciencia de su origen judío, pero virtualmente no tenían la menor noción sobre el judaísmo, su historia o cultura.
En el museo de Kaifeng, abierto no hace mucho, he visto dos de las placas conmemoratorias de diversas restauraciones de la sinagoga local. Las piedras grabadas están tan maltrechas y gastadas, que sus inscripciones son casi indescifrables. En el lugar     de la sede de la antigua sinagoga, una fea marisma de fines del siglo, se levantan ahora nuevas construcciones.
En la era moderna han habido arribos posteriores, menores, de judíos a China. El siglo XIX trajo a un número de ellos desde la India e Irak, que se congregaron sobre todo en Shanghai. Los judíos que huyeron de las revoluciones rusas de 1905 y     1917, tendían a ocuparse de la venta de pieles en Harbín y otras ciudades del noreste (Manchuria) o en el puerto de Tianjín (Tientsín). Un contingente de judíos alemanes y austríacos, que escapó de la persecución nazi, vivían     en un ghetto de Shanghai en 1947, cuando el consulado de los Estados Unidos me pidió que les explicara que era muy difícil conseguir visa norteamericana y que en ese país las calles no estaban abarrotadas de oro.
Como resultado de todo lo que leí en los estudios chinos y de Occidente, así como también de mis propias observaciones, arribé a ciertas conclusiones tentativas. El primer contingente numeroso de judíos llegó en barcos desde Persia,     a través de la India y desembarcó en el importante puerto de Quanshohou, en Fujián (Fukién), aproximadamente en el siglo X e.c. En el siglo XI, la mayoría de ellos (sus hijos o nietos) viajaron hasta el Gran Canal y el Río Bián,    desde  Yangzhou hasta Kaifeng, en ese entonces la capital de China. Allí construyeron una sinagoga en el siglo XII. Otros judíos, llegados también por vía marítima principalmente desde la India y el Medio Oriente, se asentaron en pequeños    números  en diferentes ciudades chinas.
Los judíos vivieron en paz e igualdad con los chinos de Han, lo mismo que todas las razas extranjeras y grupos religiosos. Gradualmente fueron adoptando las costumbres chinas y abandonaron las suyas propias. Por último, a mediados del siglo XIX,     ya no quedaba ninguno que supiera leer hebreo u oficiar un servicio religioso. La sinagoga de Kaifeng había sido el centro del quehacer social y cultural, así como también de la vida religiosa. Tras su dispersión física, la comunidad   judía   se dispersó y desapareció. Otras comunidades judías corrieron una suerte similar, todavía antes que la de Kaifeng.
Actualmente, sólo unas pocas reliquias restan en China. Los judíos como pueblo y el judaísmo como religión, ya no existen. Algunos chinos, sin embargo, saben que son de ascendencia judía. Sienten curiosidad por conocer sus raíces y sondean     en su historia. Un número creciente de estudiosos chinos y extranjeros se interesan también por el tema y lo investigan.
El "aperturismo" de China ante el mundo externo y el establecimiento reciente de relaciones diplomáticas con Israel, facilitará la cooperación internacional y el intercambio de eruditos. Nuevos materiales habrán de descubrirse y se llevarán     a cabo sin duda exámenes originales.
Por lo tanto tenemos motivos para esperar que nos sea factible aprender mucho más sobre los judíos de China en los próximos años: sus orígenes, su vida y contribuciones a la cultura china. Mis "conclusiones tentativas", por supuesto, requerirán     una ampliación y corrección sustancial, que aceptaré complacido.

Traducción: Bar Coba Mala






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