Maurice Sendak y sus monstruos judíos - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Maurice Sendak y sus monstruos judíos

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Por: Becky Rubinstein F.
(Jul/11)
En su apellido se adivina su origen judío, el ceremonial del Brit milá
 del niño  que habrá de integrarse, mediante un pacto, al pueblo ancestral de  Israel. Para los interesados: el sandak o sandik, es el padrino que conduce al pequeño a la tradicional ceremonia, figura  cercana, querida o trascedental para la familia., generalmente el abuelo.
Más allá de cualquier análisis onomástico, encontramos a Maurice Sendak, judío nacido en Nueva-York, en el Brooklyn  de
muchos inmigrantes, como sus padres, judíos nacidos en un shtetl de las afueras de Polonia y asentados en el Nuevo Mundo,  lugar de promisión  para los oprimidos, los marginados, los sin patria, como bien afirma Emma Lazarus en el poema  al calce de la estatua de la Libertad.
Sendak nace en los años veinte, época de flappers,
fiesta y, paradójicamente, de la Gran Depresión cuando  ricos y poderosos cayeron en desgracia, y muchos la vida. Los suicidios eran pan de cada día.
Y en aquella histórica y memorable época, nace, en el año de 1928 uno de los grandes ilustradores y  escritores de Literatura Infantil, no sólo norteamericana, sino mundial.

Célebre es  Where the wilde things are, un clásico  llevado a la cinematografía por Steven Spielberg, otro de los grandes. También judío; también un clásico.
Marcado por una infancia enfermiza,  se recupera  para recuperar, valga la redundancia, el tiempo perdido.  En 1963 publica Where the wild things…, obra , de acuerdo a la crítica , de gran riqueza visual y poder narrativo, territorio de libertad, de ensoñación y sueños prohibidos.
Sendak   reflexiona, mezclando realidad y fantasía,  sobre  el germen de Where the wilds things are
: “Entonces, de manera gradual, estas otras criaturas empezaron a emerger en el papel donde dibujaba. Intuía, eran mis  tíos y mis tías. Nos  pellizcaban, nos empujaban  y  repetían las consabidas  tediosas, aburridas   frases propias de los adultos, y mi hermana, mi hermano y yo nos sentábamos en total agonía y enojo. A la postre,  nuestro único divertimento, era  mofarnos de sus grotescos rostros; de la pelambre arremolinada que emergía de sus  inmensas narices. De aquella manera, descubrí  “donde las  cosas salvajes están”. Son mis parientes judíos. Eventualmente aprendí a amarlos.”
En una entrevista, el talentoso artista, confiesa  haberse inspirado en una frase que su madre solía emplear cuando se enojaba son sus retoños, a quienes  lanzaba una frase típicamente judía: “Son o se comportan como vilde jayes”.
Es decir, son o se comportan, como bestias salvajes. Y precisamente a las bestias salvajes se enfrenta  Max, el protagonista –el alter ego de Maurice-  quien , castigado por “contestón” –cuando su madre lo tilda de  vilde jaye, él le responde: “y te voy a devorar”-  es enviado a su cuarto sin cenar. Y en aquella habitación, el pequeño compensa su  desamparo, al imaginar que viaja a una isla habitada por monstruos,  que combate con arrojo. Se atreve, incluso, a mandarlos a la cama sin cenar.

Cuando regresa del “viaje” lo espera  lo inesperado: una abundante y  rica cena.  Se cierra el círculo, el niño aprende a medir sus fuerzas, a no apocarse frente a la autoridad a la que vence mediante la fantasía liberadora.  Se trata pues, de una literatura subversiva, mas efectiva. Por supuesto, que para los pequeños lectores. O escuchas.
Inquieto y multifacético, Sendak  realiza en el año de 1979 la adaptación teatral de Donde  las bestias están. En una fotografía  aparece al lado de una gigantesca bestia de utilería: peluda, dentona y  por demás afable. Como las de su sueño compensatorio.
Sendak,  creador de la escenografía del Cascanueces de Tchaikovsky, es galardonado en 1970  con el Premio Hans Christian Andersen, equivalente al Premio Nobel, por su obra. En  el 2 003 recibe el no menos despreciable “Memorial Astrid Lindgram  Award” –compartido con la  afamada escritora infantil Christine Nestlinger-. También recibe la Medalla Caldecott.   
Memorable es, asimismo, la ilustración de Los cuentos de la aldea de Chelm del  Premio Nobel Isaac Bashevis Singer. También ilustró , del mismo autor, Zlate la  cabra (1966). Confiesa Sandak  la satisfacción de haber escuchado dicha historia infantil en labios del afamado Singer en  lengua idish, la lengua de su infancia.
Y de su obra,  amaba sobremanera, Dear Milly (1988), “una incomparable interpretación del recientemente descubierto cuento de Wilhelm Grima”, Chicken Soup (1962) y Where the wild things are , donde  se enfrenta, cara a cara, con sus monstruos judíos.




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