Sefaraditas Vs. Inquisición P II - Intelecto Hebreo

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Sefaraditas Vs. Inquisición P II

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Por: Jacobo Contente
(07/2011)
Continuando con la referencias en los libros de piratas, corsarios o bucaneros de origen sefaradí, destaca en la segunda mitad del siglo XVI, don Samuel Pallache nacido en Fez, que descendía de una familia muy conocida de rabinos de la España musulmana. En 1591 fue destinado a España como embajador por el sultán de Marruecos Mulay Zaydan Abu Maali y entre los años 1605 y 1608 vivió en Madrid como embajador de Marruecos, ostentando su condición de judío en una época en la que la Inquisición española buscaba por todos los medios juzgar a toda persona sospechosa de ser judía.
Llegó a ser un rico comerciante, pues obtuvo del sultán de Marruecos el monopolio del comercio con Holanda y en 1608 fue designado por éste como agente representante del Sultán en La Haya, Holanda. El 23 de junio de 1608, fue recibido por Mauricio de Nassau, futuro príncipe de Orange, y los Estados Generales de los Países Bajos para negociar una alianza de mutua asistencia contra la corona de España.

En varios libros que tratan sobre piratería, se dice que: …Quando el rey de España Felipe III se negó a devolver al sultán Mulay Zaydan unos valiosos manuscritos a cambio de la liberación de unos prisioneros, el sultán marroquí firmó un acuerdo con Holanda contra España, y el 24 de diciembre de 1610 las dos naciones firmaron un tratado reconociendo el libre comercio entre los Países Bajos y Marruecos, que permitió al sultán la compra de barcos, armas y municiones de los holandeses. Sin embargo, Holanda no podía enfrentarse directamente a España debido a la «Tregua de los doce años» pactada un año antes, en abril de 1609. La solución consistió finalmente en un apoyo de Holanda a Marruecos, mediante la entrega al embajador marroquí Samuel Pallache de una nave de guerra con una dotación de marineros holandeses y un documento firmado conjuntamente por Holanda y Marruecos, encomendándole que «se apoderase de todas las naves españolas y de piratas que encontraran en el camino a los Países Bajos».
Con el transcurso del tiempo, debido a varios rumores que llegaron a oídos del sultán, se sospechó que Pallache fuera un doble agente; ante los constantes rumores infundados y las envidias de algunos influyentes cercanos al sultán, éste le retiró sus favores. Sin embargo, Samuel Pallache continuó sus actividades como comerciante y su amistad personal con el príncipe Mauricio de Nassau, le valió una patente de corso que le permitió dedicarse durante varios años a las actividades de corsario bajo la bandera holandesa, reclutando a varios criptojudíos para su tripulación y vendiendo el botín obtenido a lo largo y ancho de las costas marroquíes.

Una de sus últimas actividades, fue la captura en 1614 de un barco portugués, cuyo botín -debido a un gran temporal- no pudo llevar a Marruecos, llevando su barco a un puerto inglés, donde por solicitud del embajador de España fue arrestado y encarcelado. Cuentan que: …“el príncipe Mauricio de Nassau acudió en su ayuda y eventualmente logró traerlo de vuelta a Holanda. Sin embargo, Pallache había perdido toda su fortuna y poco después cayó enfermo. El 4 de febrero de 1616 falleció en La Haya y fue enterrado en el cementerio judío sefardita Beth Hayim de Ouderkerk aan de Amstel, cerca de Ámsterdam”.
Otro corsario del mismo origen al servicio de Holanda, fue el portugués Moisés Cohen Henriques, quien obtuvo fama en 1628 por haber capturado en La Habana toda una flota que transportaba plata. Moisés tenía un hermano de nombre Abraham; se dedicaba al tráfico de armas y ayudó a muchos judíos caídos en desgracia a conseguir lugares de protección. Moisés se alió en 1628 con el holandés Piet Heine, almirante de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, quien había servido como esclavo durante cuatro años en las galeras de un galeón español. Ambos, Cohén Hnriques y Hein solían atacar barcos españoles fuera de la Bahía de Matanzas que, procedentes de Cuba, se dirigían a Cádiz cargados de oro y plata. Al pasar el tiempo -durante el dominio holandés- Moisés encabezó a un numeroso grupo de judíos hacia las costas de Brasil, donde él mismo se estableció en una isla de su propiedad. En 1654, cuando Brasil pasa a manos de Portugal, huye de su isla y funge como asesor de Henry Morgan, uno de los piratas más conocidos en el mundo.


Como se ha visto en los presentes artículos, resulta claro que durante los siglos XVI y XVII, muchos piratas y corsarios judíos tomaron venganza contra las expulsiones y humillaciones sufridas a manos de los gobiernos y colonias españolas y portuguesas. La consigna era poner a toda nave con esas banderas a tiro de cañón y apropiarse de sus valiosas mercaderías. Esto sucedía prácticamente en todos los océanos donde las hubiera, sembrando el terror entre los navegantes. El orgullo por sus orígenes de los atacantes nunca se ocultó, pues existen documentaciones fidedignas de que daban a sus naves nombres tales como: “Samuel el Profeta”, “La Reina Ester” y “El escudo de Abraham”. No obstante el acervo documentado sobre el tema, es difícil dar una cifra medianamente aproximada de los piratas judíos de la época, pues había muchos en las tripulaciones de diversos barcos cuyos capitanes no eran judíos; sin embargo existen -sobre todo en la zona del Caribe, principalmente en Curazao y Jamaica- viejos cementerios con lápidas marcadas con escritura hebrea, símbolos judíos y de piratería.

Es importante señalar que numerosos grupos de criptojudíos aprovecharon las rutas que usaban los piratas, pues tener ése origen en países gobernados por España o Portugal, era extremadamente peligroso e ilegal. Cuando Jamaica pasó a manos de la corona británica, ya radicaban muchas personas de origen israelitas; por ello William Pen al invadir la isla en 1655, manifestó que tuvo la ayuda de los criptojudíos locales. Para 1720 el 20% de la población que radicaba en Kingston eran judíos. Estos asentamientos, aparte de ayudar a crear un brote de libertad religiosa, formaron un seguro gran centro de mercadería y contrabando, para todo pirata o bucanero.
Ya para concluir, volvemos a citar a los bucaneros y hermanos franceses Pierre y Jean Lafitte, de cuyos orígenes y fama ya nos ocupamos. Aparte de sus grandes hazañas en la profesión, y el haber construido un gran centro comercial en Barataria, que en 1814 fue confiscado por el gobernador William C. Claiborne, quien envió tropas, contra las que curiosamente Laffite se negó a combatir para no enfrentar fuerzas estadounidenses, a quienes en el pasado había ayudado con sus barcos bloqueando las entradas de mercaderías a los ingleses por el Misisipi. Por otra parte, a Jean Lafitte se le acredita junto con su «tripulación de mil hombres» una decisiva intervención marítima en la batalla de Nueva Orleans, la cual decidió la guerra de 1812 y en la que luchó al lado de Andrew Jackson, quien habría de convertirse más tarde en el séptimo presidente de los Estados Unidos. Jean Lafitte salvó con sus barcos y hombres a la ciudad de Luisiana que iba a caer en manos británicas.

El 8 de enero de 1815, durante el intento de invasión británica a Nueva Orleans, Laffite puso a disposición de Andrew Jackson todos sus hombres, armas y municiones, defendiendo el sitio desde el llamado French Quarter y con su flota desde la costa. La victoria de los americanos fue total y Laffite recibió parte del mérito. Sin embargo, la intención de Laffite de recibir absolución de sus actividades ilegales y que le fuesen devueltas sus propiedades en Barataria no dieron fruto, a pesar de llegar a presentar su solicitud, entregada por su hermano Fierre, al presidente de los Estados Unidos, James Madison.
Aparentemente después de estas y otras batallas libradas a favor del gobierno norteamericano, nunca consiguió el perdón que solicitaba para él y sus tripulaciones. En la década de 1950 apareció el manuscrito de un diario personal, supuestamente atribuible a Jean Lafitte, pidiendo que no se publicaran sus memorias hasta 107 años después de su muerte. Entre otras cosas que describe en su diario, menciona que su infancia la pasó en casa de su abuela judía, Sara Ma-drimal, quien, según él mismo expresa: “era una fuente inagotable de atrapantes relatos de familias judías que se escapaban a las mazmorras de la Inquisición”. En éste su supuesto diario, también narra cómo en la década de 1820, se retira a vivir tranquilamente en San Luis, Misuri. Posteriormente pasa a la península de Yucatán, donde a mucha menor escala, continuó su actividad como corsario. Jean Lafitte muere en 1840 y su tumba se encuentra en Dzilam de Bravo, México.
Independiente a la autenticidad del diario personal de Jean Lafitte, que se encuentra en el Sam Houston Regional Library and Research Center en Liberty, el origen judío de la familia y de varios otros piratas y corsarios aquí descritos, se constatan en varios libros y documentos. Además queda claro -guardando toda proporción- “que a toda acción corresponde una reacción”, por lo que no cabe duda que las actividades inquisitoriales, independiente a la pérdida del capital cultural y humano que sufrieron España y Portugal, produjo un efecto debilitador en las arcas de ambos imperios, que a la postre -por su ceguera, rapiña y falta de principios- tampoco supieron administrar ni conservar.

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Aunque existen infinidad de libros y artículos sobre el tema, con gusto proporciono a los lectores que deseen ampliarlo, la siguiente pequeña bibliografía:
Josefa Flavio. Las Guerras de los Judíos.
Revista “Maguén-Escudo”
Nº 156, (julio-Septiembre de 2010).
Fernández Dura Cesáreo. La Armada Invencible.
Bell   Mordechai.The Jewish   Nation   ¡n   the   Caribbean.
Kritzler Edward. Los Piratas judíos del Caribe
Salmoral Lucena: Piratas, corsarios y filibusteros.
Patai Rafael. Hasapanut Haivrit ("La Vida Marítima Hebrea").
Vainroj Moshe. Los piratas judíos del Caribe.




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