Tecno-Ciencia (Cápsula Nº 1) - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Tecno-Ciencia (Cápsula Nº 1)

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Tecno-ciencia (Cápsula Nº  1)


Por: Aarón Maya (París, Francia)


Algunos hombres en la antigüedad, apartándose en lo posible de teologías  que no los satisfacían para explicar los fenómenos  de su propio ser y de su entorno, llevaron sus cuestionamientos e indagaciones a campos todavía más amplios; surgiendo al mismo tiempo diversas metodologías de búsqueda, para encontrar  respuestas congruentes.

 Esto pasaba en Grecia bajo el nombre -que posteriormente se le dio- de "filosofía natural", que caracterizó mayormente a una de las primeras culturas; su iniciador más notable fue Tales de Mileto, quien vivió en el siglo VI a.C. Dicho  pensador  predijo un eclipse solar en 585 y fundó la geometría como una disciplina formal. Trató de explicar los fenómenos naturales que observaba y propuso que el agua ere la sustancia de todas las cosas. Su tesis fue objetada por su alumno  Anaximandro  de Mileto, quien encendería la chispa del espíritu crítico, que hasta hoy caracteriza la labor de los científicos.


 Por varios siglos y en determinadas regiones, el método científico  fue practicado por un sin número de adeptos, muchos realmente destacados que ampliaron muchos de los campos el saber humano; las herramientas de observación, investigación   y deducción, también fueron evolucionando, como la llamada "silogística  aristotélica", que es un método efectivo para desarrollar deducciones que, cuando se vinculan entre sí, conforman juicios y fundamentan todo un sistema de pensamiento.   Su análisis permite detectar falacias o defectos en las argumentaciones.

 Lamentablemente no en todo tiempo y región fue adelanto en las ciencias del pensamiento humano, pues las filosofías teológicas -en menor o mayor grado- chocaron con los métodos y pensamientos que daban la coherencia encontrada. Uno de  los   períodos más difíciles para los científicos fue la Edad Media; no obstante su aparente estancamiento y represión, surgieron algunos personajes como: Robert Grosseteste en Inglaterra que escribió sobre el sonido, la astronomía,  la   geometría y la óptica; Alejandro Magno que defendió la coexistencia pacífica entre la ciencia y la religión; Roger Bacon, quien impulsó las leyes de la naturaleza y contribuyó en áreas de la mecánica, geografía y óptica;    Tomás de Aquino, quien fue el que integró el aristotelismo con la tradición escolástica medieval; Duns Scoto, quien destacó las diferencias entre la razón y la fe, en contraposición a los preceptos religiosos del Medievo; Guillermo    de Ockham, quien desarrollo el método de la "Navaja de Ockham" la base de lo que más tarde sería conocido como el método científico; Jean Buridan, quien explicó el comportamiento de los proyectiles en caída libre, influyendo en  la   dinámica de Galileo y el principio de inercia de Newton; Nicolás Oresme, quien combatió la astrología y especuló sobre la posibilidad que existieran otros mundos habitados en el espacio.


La diferencia entre esos avances del Medievo con la ciencia moderna es que, en los primeros, esos avances se dieron con fines tecnológicos utilitarios en campos como la agricultura y construcción de edificios; en otros campos el riesgo fue  mayor,    ya que supuestamente cualquier pensamiento o teoría que no fuera teológica basado en la Biblia, en particular en Génesis, atentaba con la misma creación o concepción y existencia de Dios. En nuestros tiempos, a la ciencia moderna  ya  no   se le atribuye esa maligna intención, y se entiende por -regla general-, que sus disciplinas están fundadas con fines en sí mismas, las cuales ni siquiera aspiran a dar explicaciones globales sobre el mundo.

 No cabe duda que el Renacimiento (finales del S. XV), marcó la diferencia para el método científico, rescatando una herencia de trabajos como los de Galeno, Arquímedes, Aristóteles y Platón, impulsando además -como hemos visto-     los logros que por conveniencia tecnológica se dieron en el obscurantismo. Se piensa que después de éste parte aguas, la ciencia ha tenido su "época de oro" en los siglos XVIII y XIX, con los progresos de Newton, Harvey, Lavoisier y Darwin.     Una segunda revolución de las ciencias, muchos la sitúan en los inicios del S. XX, cuando avanzó en todos los frentes y permitió tener una visión racional del mundo con verdaderos hitos en la física, como la teoría de la relatividad     de Albert Einstein.

 Los pasos en esta materia para el siglo que estamos viviendo y los que vendrán, se antojan positivos, aunque siempre existe la posibilidad de serios estancamientos derivados de su velocidad de cambio, que muchas veces no alcanzan las actualizaciones     morales y adaptaciones de la propia humanidad para la que fue creada.







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