Y...novia la vimos - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Y...novia la vimos

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Y… Novia la vimos


Por: Jaime Levy Maya


¡Cuántas veces se repitió esta historia y sin embargo cuan poco  nos ha sido contada con tan sincera frescura y libre de ambages!

Nuestro alrededor está lleno de abuelos Matarasso que atravesaron el océano  al  futuro incierto que tenían en Turquía, Bulgaria, Grecia, Yugoslavia..., que con un fardo en cada mano y casi siempre con una numerosa familia, fueron cobijados por Lagunillas, Romas, Doctores, Narvartes y Del Valles.

Allí, muchas Oshinicas fueron arrulladas por la Nona con sus "durme, durme, ermoza ishika; durme, durme, sin ansia y sin pena", para luego "di ez i ocho anios cumplir y en la flor de la mancevez ser quemada en un fuego por la primera vez".  Sí, se cumplió el presagio: "a la una yo nací, a las dos me engrandecí, a las tres topí amante, a las cuatro  me casaron".

En esos mismos rumbos, otras tantas familias Gorman engendraban a las Rifkes, cuyas   Bobes les cantaban dulces canciones de cuna en yidish. Somos y estamos rodeados por Oshis y Rifkes, solidarizadas por la comunión de sus diferencias y lanzadas al crisol donde miles de estímulos, de poderosas fuerzas nos transforman irremediablemente   en seres nuevos, únicos, cada vez más humanos y universales.


Somos y estamos rodeados por esos tíos Meyer, quienes en su inconfesable  si expresan  la torturante vergüenza de continuar vivos mientras sus seres queridos fueron transformados en cenizas en el Holocausto y quie en ese conmovedor  ritual anual, expresan con sencillez  su gratitud al pueblo que los acogió con los brazos  abiertos.

Estamos ante un fenómeno singular y poco frecuente: la presentación en pantalla sin hipocresía del problema de la aceptación  o rechazo a la integración entre minorías  sociales y a su vez de éstas respecto a la mayoría.

Presenciamos la compleja mezcla de sentimientos, actitudes, acciones, delirios, humor, neurosis y pasiones que se dan durante la convivencia natural  de nuestras culturas.

Novia que te vea, este valiente experimento cinematográfico de Guita Schyfter y Hugo Hiriart inspirados en el  relato autobioáfico de Rosita Nissan y con su cercana colabo ción, constituye un paso sin precedente en la investigación  socio-antropológica de las minoías, que además contribuye a la comprensión de nuestra identidad. Da  a conocer también y sin mayores pretensiones,  la realidad que vivimos, nuestras virtudes, nuestros defectos, nuestras ambiciones y nuestros  vicios. Contribuye a desmitificar numerosos conceptos que llenan de escollos la sana convivencia.

Para los judíos que tuvimos el privilegio de participar en esta estimulante aventura, constituyó -a la medida de cada uno- una invaluable oportunidad de colaborar para la divulgación  de nuestra esencia, de exhibir esa energía ancestral  que  corre por nuestras venas, esa nostalgia indescriptible por un pasado que empieza a convertirse en presente y que no sabemos  si se convertirá en futuro.







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